Agroquímicos y riesgos en Argentina

Tema en 'Cuidados del jardín' comenzado por EIRAVELLA, 26/1/13.

  1. EIRAVELLA

    EIRAVELLA

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    Carnota (La Coruña)
    Riesgo inminente de óbito», decía el último parte médico de Gonzalo, eufemismo que indicaba que el bebé, a sus dos meses y 27 días, podía morir en cualquier momento. En su diagnóstico se leía «malformación craneoencefálica», entre una marea de términos médicos. Las estadísticas dirán más tarde que es uno de los siete entre mil casos que nacen así, pero su padre, Pedro Mores, y otros como él creen otra cosa. El pequeño Gonzalo se gestó en uno de los tantos pueblos de Argentina expuestos a las fumigaciones con agroquímicos.

    La familia Mores vive en el límite de las provincias norteñas de Chaco y Santiago del Estero. «Por ahí andan fumigando constantemente con los aviones y con los tractores que llaman 'mosquitos' -cuenta Pedro-. Dan la vuelta sobre las casas. En el pueblo hay más casos como el de Gonzalo, unos cuatro, y es un lugar chico de unos siete mil habitantes. Esto de los venenos empezó en los años noventa y cada vez avanzan más. Desconozco qué echan, lo que sé es que nosotros teníamos frutales y se han secado».

    Un informe del Ministerio de Salud de mayo de 2012 confirma su sospecha. En las poblaciones expuestas a los agroquímicos hay un 30 por ciento más de casos de cáncer que en las que no lo están. El número de malformaciones en las áreas fumigadas también es mayor. Aun así, las denuncias sobre los efectos de los agroquímicos, utilizados en la explotación de cosechas de alta rentabilidad, suelen perderse entre la polémica. Las grandes empresas niegan los efectos tóxicos de las sustancias y piden el «uso responsable» de lo que la gente del campo llama, sin rodeos, «venenos».

    Argentina es una de las potencias agrícolas del mundo. Después de Estados Unidos y Brasil es la tercera gran productora de soja. Este año producirá 55 millones de toneladas. Para ello se calcula que anualmente se rocían más de 300 millones de litros de agroquímicos sobre sus campos. Estas fumigaciones -según estimaciones de agrupaciones ecologistas- afectan al menos a 12 de los 40 millones de argentinos que reciben este veneno sobre sus casas, escuelas, parques, fuentes, lugares de trabajo; en definitiva, sobre sus vidas. Sus denuncias cuestionan el corazón del agronegocio, motor de la economía de Argentina, basado en el uso de semillas modificadas genéticamente que resisten a los agroquímicos. Al permitir fumigaciones a destajo, facilitan el uso intensivo de la tierra y evitan largos procesos que implican un mayor esfuerzo.

    La oficina de Hugo Gómez Demaio queda en el segundo piso del servicio de cirugía pediátrica del Hospital Provincial de Posadas, capital de la provincia de Misiones, en el noreste del país. Su despacho es una pequeña habitación a la que se llega después de pasar por una sala donde los cirujanos dejan sus batas y guantes al término de una operación. Demaio, el jefe de servicio, hace más de una década que comenzó a notar un crecimiento en el número de pacientes nacidos con malformaciones. Primero comenzó a marcar en un mapa la procedencia de la mayoría de los casos que padecían mielomeningocele, una malformación que, además de un tumor, puede acarrear hidrocefalia, parálisis y daño neurológico, generalmente irreversible.

    «Vimos que todos habían sido gestados en zonas donde el uso de agrotóxicos es masivo y decidimos estudiar el asunto -cuenta Demaio-. Comprobamos que incluso la población no expuesta tiene al menos 15 agroquímicos circulando en sangre, con el agravante de que sus efectos combinados no se conocen. Porque yo sé cómo actúa el glifosato, pero no cómo lo hace si se combina con el herbicida 2,4D. Lo que sí sé es que este es uno de los componentes del agente naranja que usaron los norteamericanos en Vietnam y que hay muchos más pacientes con malformaciones en estas zonas».

    En Argentina no existe una ley nacional de agroquímicos, aunque en la mayoría de las 24 provincias existen leyes particulares que intentan legislar sobre el uso de herbicidas e insecticidas. Ante las denuncias reiteradas en relación con sus efectos sobre la salud, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner inició en 2009 una investigación y determinó que fallaban los controles. Para eso creó un Programa Federal para el Fortalecimiento de los Sistemas Locales de Control, cuyos escasos o nulos resultados son apreciables en un recorrido por las zonas afectadas. Avia Terai, en Chaco, es un buen ejemplo.

    Avia Terai está flanqueada por campos sembrados. La soja y los girasoles crecen hasta el límite del pueblo. Al otro lado de la localidad, una pista de aterrizaje sirve de base para los aviones fumigadores que denuncian los vecinos. El barrio que los ve salir y llegar se llama Padre Mújica. Se trata de casas sociales, construidas por la Fundación Madres de Plaza de Mayo. En ellas viven 108 familias y cada una tiene uno de sus miembros con algún tipo de discapacidad. La mayoría son menores.

    Nadia Leguizamón es una de ellas. Tiene 12 años y hace dos que dejó de caminar. «No me dijeron nunca cuál era su diagnóstico, pero siempre tuvo dificultades para moverse», explica Viviana Pérez mientras ayuda a su hija a sentarse en la silla de ruedas para salir a dar un paseo. «Me han dicho muchas veces que el veneno de los cultivos pudo tener algo que ver, pero nadie me lo confirma». Ramón es el padre de Nadia y trabaja en el campo. «¿Qué posibilidad hay de hacer algo con la empresa de fumigación de acá al lado?», se pregunta cada vez que pasa el avioncito, como llaman en el barrio a los pequeños aeroplanos.

    Katherina Pardo tiene 21 años y cuenta que, cuando era pequeña, «cada vez que había fumigaciones, los niños que iban a la escuela se encontraban mal, con dolores de cabeza y desmayos, y se le echaba la culpa a que faltaba agua potable». Ahora, Katherina lucha para que las cosas cambien. «La gente tiene derecho a no ser fumigada», clama. Entre sus batallas: que abran una escuela en la zona destinada a los chicos con necesidades especiales. «Cada vez son más y no pueden ir a clase», subraya

    .«La falta de control del Estado en el uso de agroquímicos se agrava porque a la población expuesta tampoco se le brinda la asistencia necesaria para el tratamiento de las enfermedades y su seguimiento», denuncian desde la Red de Salud Popular Ramón Carrillo, en Chaco. Desde esta organización aseguran que hay registros de uso de los herbicidas glifosato y 2,4D, el componente del agente naranja cuya aplicación aérea está prohibida en esta provincia. «Sin embargo, la gente reconoce que los usan mezclados», denuncian. Además, les consta la utilización de endolsufán compuesto, un insecticida y acaricida prohibido en más de 50 países, y de metamidofos, otro insecticida que acaba de ser prohibido en Brasil.

    «No hay un sistema de control del Estado que garantice saber qué es lo que se está aplicando y cómo», explica la abogada Alejandra López, de la Red de Salud. La misma denuncia se repite en otras provincias por parte de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados y las agrupaciones como Paren de Fumigar y Paren de Fumigarnos.

    La ausencia del Estado ha llevado a la población a buscar nuevas vías para sus reclamaciones. En la Leonesa y en Las Palmas, a 60 kilómetros de la capital de Chaco, sus habitantes recurrieron a la justicia para tratar de detener las fumigaciones que avanzaban sobre sus casas desde los arrozales. El juez les dio la razón. En agosto pasado, la justicia de Córdoba condenó por primera vez a un productor agropecuario y a un fumigador por haber rociado veneno sobre el barrio Ituzaingó. La condena, que está siendo apelada, puede cambiar la historia medioambiental de América Latina en cuanto a las fumigaciones. Pero en el pueblo cordobés de Gatica el daño ya está hecho: a 114 de los 142 niños analizados se les detectó contaminación con agroquímicos, según un estudio oficial.

    En San Jorge, en la provincia del centro de Santa Fe, un juez ordenó detener las fumigaciones cercanas a las poblaciones. En la Leonesa y Las Palmas, el Gobierno provincial también ordenó hacer públicos los datos de los hospitales. Después de casi diez años de denuncias, por primera vez se conocieron estadísticas oficiales. Fue en 2010, y los datos confirmaron las sospechas de los vecinos: los casos de cáncer en niños se triplicaron y las malformaciones en recién nacidos aumentaron en un 400 por ciento. Todo ello, en apenas una década. Aunque desde el centro de epidemiología criticaron el estudio, nunca presentaron otro alternativo.

    Mientras, la llamada 'frontera agrícola' sigue avanzando. En Santiago del Estero se puede comprobar cómo va extendiéndose. Más en concreto en Quimil, en el noreste de esta provincia en el centro de Argentina. Allí, el avión amarillo termina de realizar la tercera pasada sobre el campo de girasoles que rodea a una casa baja y rosada sobre la que cuelga un cartel que dice: Escuela 146 La Pampa.

    Las 110 familias que viven en la zona se cansaron de denunciar las fumigaciones. Afirman que se les secaron los árboles frutales y que sus chicos terminan con los ojos irritados al término de cada pasada.

    Después de tantas quejas, el avión -cuenta Chiqui, una de las vecinas- sobrevuela de noche la superficie sembrada. «Creen que, como no lo vemos, no nos damos cuenta de que fumigan», asegura la mujer, que recuerda que donde ahora hay campos sembrados antes había un bosque bajo que casi ha desaparecido. En algunas de las trece mil hectáreas se ven todavía manchones de lo que era la postal típica de la zona. Cerca, a unos 18 kilómetros, una excavadora amarilla lucha contra las ramas secas y espinosas del bosque original. La frontera agrícola es ese pedazo de tierra árido bajo un sol agobiante.

    Juan Carlos Soroka dejó de plantar tabaco al poco tiempo de que su segunda hija naciera con una malformación. «En esta zona, en cinco kilómetros a la redonda, hay más de diez casos. Algunos tienen a sus chicos escondidos», cuenta Soroka. Su mujer, Anita, tiene 38 años y asegura que casi todos aquí tienen un hijo discapacitado. «¿Cómo puede ser si vivimos en el aire, en plena selva? -inquiere-. ¿Por qué no hacen algo los de las empresas? Claro, ellos no tienen un hijo aquí, no les interesa. ¿Por qué nos envenenan? Las tabacaleras vienen y te dan las semillas, los venenos y nunca nos dijeron que esto podía pasar. Nunca. Los bichos no son tontos, no comen lo que los mata, la gente parece que sí. Yo digo que el mundo necesita comer, no envenenar».

    La población de San Vicente es parte de lo que Sergio Páez llama el 'triángulo tabacalero'. Profesor de Geografía, su tesis versa sobre el uso de agroquímicos por parte de los colonos, como denominan a los campesinos y que, por lo general, son descendientes de alemanes. «Viven una realidad triste asegura. Me encontré con chicos que no caminan, trabajadores con irritaciones cutáneas, con las manos y los pies destrozados. Muchos de los venenos que utilizan en su actividad están prohibidos en Europa o Estados Unidos, pero se usan en Argentina y Brasil».

    Víctor es uno de esos colonos. «Había dejado de plantar, pero volví por el problema de él», dice señalando al pequeño Agustín. Nació hace cinco años con parálisis cerebral y es el segundo hijo de Víctor y Celeste Maidana. Celeste tiene la sonrisa tan grande como triste la mirada; el brazo izquierdo enlazado casi permanentemente al cuerpo de Agustín.

    «A veces me muevo sin él, y es como que me falta algo», dice. Los Maidana viven en una casa de madera en las afueras de Pueblo Illia, una población de apenas 300 habitantes y a la que se accede por un interminable camino de tierra de más de 50 kilómetros. En este poblado minúsculo abrieron un aula especial por la gran cantidad de chicos con discapacidad que hay en la zona. Katerine Barbosa es la maestra del grupo, que el año pasado ascendía a 36 alumnos. Hace dos, ella y un grupo de padres solicitaron al Gobierno que abriera una escuela para los chicos como Agustín. No hubo respuesta. Katerine también subraya que son muchos los casos y que la exposición a los agroquímicos, sumada a la mala alimentación de las madres, puede ser la causa de tantos niños con malformaciones y retraso mental. Nadie termina de confirmar nada. Nadie responde, pero ella sospecha.
     
  2. Re: ARGENTINA-AGROQUIMICOS

    EIRAVELLA: gracias por la nota.
    Realmente no hay nada legislado por aquí. La mayoría de las personas de las ciudades no tienen idea ni toman conciencia de la gravedad de la situación.
    Aquellos que lo saben, pero hacen grandes negocios con esto, hacen la vista gorda, como decimos por aquí.
    Siempre los intereses comerciales están por encima de las personas y su bienestar. Eso es historia antigua.

    Les paso otro artículo, para aquellas personas que tal vez no estén al tanto de lo que la utilización de agrotóxicos genera.
    El artículo fue publicado en la página de Eco Agricultor y me pareció interesante para difundir el peligro en el cual estamos expuestos algunos países.


    Estudios sobre los efectos en la salud de los plaguicidas utilizados en los cultivos transgénicos.

    "Se reproduce aquí un capítulo del nuevo libro del profesor Andrés Carrasco y sus colegas ( resumen y conclusión). En el libro se revisa la literatura científica sobre los efectos sanitarios de los plaguicidas que se utilizan en grandes cantidades en el cultivo de la soja y otros cultivos transgénicos.

    La conclusión a la que se llega es que resulta insostenible por los efectos perjudiciales de los plaguicidas utilizados en los cultivos transgénicos y pide la adopción de políticas que den prioridad a la seguridad ambiental y la seguridad alimentaria, frente a los intereses de las industrias agroquímicas y los mercados.

    El capítulo forma parte de un nuevo libro, “Avances en Toxicología molecular, vol.6”, publicado por Elsevier

    Más información sobre las investigaciones anteriores del profesor Carrasco, que encontró que el Roundup y el glifosato causan defectos de nacimiento en los embriones de los animales:

    http://noticiasdeabajo.wordpress.co...n-entre-el-roundup-y-los-defectos-congenitos/

    Resumen

    En América del Sur, la incorporación de los organismos modificados genéticamente (OGM), diseñados para ser resistentes a los plaguicidas, han cambiado el modelo de agricultura con una dependencia masiva de los productos agroquímicos. Se utilizan diferentes pesticidas en respuesta a las demandas del mercado mundial de consumo para controlar las malezas, los artrópodos herbívoros y las enfermedades de los cultivos. En este artículo examinamos sus efectos sobre los seres humanos y en los modelos animales, en términos de genotoxicidad, teratogenicidad y daño celular. También hacemos hincapié en la importancia de los biomarcadores para la vigilancia médica de las poblaciones en situación de riesgo y proponemos el uso de biosensores como recurso sensible para detectar los efectos indeseables de las nuevas moléculas y los contaminantes ambientales. La compatibilidad del glifosato, el herbicida más intensamente utilizado en los cultivos transgénicos, para el manejo integrado de las plagas en los cultivos de soja, también se pone en duda.

    1.Introducción

    La productividad hortícola en las regiones subtropicales del mundo está severamente limitada por las plagas y las enfermedades que afectan a los cultivos, y por lo tanto, afecta a la calidad de los productos, convirtiéndose en una prioridad en todo el mundo en respuesta a las demandas del mercado de consumo. El uso de agroquímicos es la estrategia más común utilizada para el control de las malezas, de los artrópodos herbívoros y las enfermedades de los cultivos, pero que se convierte en un importante factor que afecta a los recursos naturales, así como a la salud de los trabajadores rurales y los potenciales consumidores.

    En América del Sur, se utilizan distintos agroquímicos de forma masiva, con una preponderancia del uso de herbicidas de amplio espectro a base de glifosato (GBHS), del cual dependen completamente los cultivos modificados genéticamente (OGM) diseñados para ser resistentes al glifosato, tales como los cultivos de soja.

    En Argentina, la extensión de tierra dedicada a la soja transgénica llegó a los 20 millones de hectáreas. Se rocían 200 millones de litros de glifosato para obtener una producción de 50 millones de toneladas de soja al año [1,2]. En Paraguay se está produciendo una gran expansión del cultivo de la soja, con semillas transgénicas introducidas ilegalmente en el país y una infraestructura montada por las grandes empresas [3,5]. En el año 2006/2007, la superficie cultivada alcanzó las 2.426.000 hectáreas, casi 400.000 hectáreas más que la cosecha del año anterior (2005/2006). De los herbicidas importados en 2002, el 75% estaba destinado al cultivo de la soja; de los plaguicidas importados, el 68% se utilizó en la misma zona, y de los fungicidas, el 65% tuvo un destino similar [6].

    El modelo de agricultura extensiva basada en la Biotecnología OGM se aplica actualmente en América del Sur (principalmente en Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay), sin evaluación crítica, sin evaluaciones rigurosas y la información adecuada sobre el impactos de las dosis subletales sobre la salud humana y el medio ambiente, lo que lleva a una situación conflictiva. Los estudios sobre los posibles impactos son absolutamente necesarios, ya que existe una escasez de datos sobre la exposición crónica a los agroquímicos.



    Necesidad de una ciencia crítica e independiente

    Las Corporaciones Multinacionales manejan prácticamente el mercado mundial de semillas y productos químicos. No se puede inferir que la investigación realizada o respaldada por estas empresas sea totalmente objetiva. Investigaciones de grupos independientes han abierto el debate acerca del bisfenol A, mientras que los estudios financiados por la Industria no han encontrado efectos adversos relacionados con la exposición al bisfenol A, el 90% (n>100) de estudios no financiados por la Industria muestran significativos efectos adversos por la exposición al bisfenol A [177, 178]

    Se encontraron varias malformaciones en conejos y ratas según estudios propios de la Industria para comprobar la teratogenicidad del ingrediente activo glifosato antes de su aprobación en 2002 por parte de la UE. Los estudios de la Industria no se pueden consultar por ser comercialmente confidenciales. Sin embargo, dichos datos fueron compilados por el Gobierno alemán en un Proyecto de Informe en 1998 (DAR), ya que Alemania ha sido el Estado miembro ponente para el glifosato y mantendrá este cargo hasta la próxima revisión del glifosato en el año 2015.

    Se encontraron malformaciones que incluyen costillas adicionales, distorsiones que afectan a las costillas torácicas, malformaciones del corazón, agenesia renal, esternebras sin osificar, osificación reducida de centros craneales y arcos vertebrales sacrocaudales, así como variaciones esqueléticas y malformaciones viscerales, no especificadas en el DAR [179]

    Es indispensable cambiar la dirección de la investigación científica, dejando atrás el reduccionismo y el pragmatismo que domina la agricultura en las últimas décadas. No será posible desarrollar una agricultura sostenible que satisfaga las necesidades sociales si el hombre no comienza a dar prioridad a las políticas que mejoren la seguridad ambiental y alimentaria frente a los intereses de la Industria Agroquímica y los Mercados. Los autores de este capítulo hacen un llamamiento a la comunidad científica para que sean conscientes de los riesgos involucrados a nivel local y a escala global, anticipándose a los problemas antes de que nos sorprendan.

    Fuente: http://gmwatch.org/latest-listing/5...-effects-of-pesticides-used-in-gm-agriculture

    Breve crónica de una conferencia del Dr. Andrés Carrasco


    http://sembremvalles.wordpress.com/2012/05/25/breu-cronica-de-la-conferencia-dandres-carrasco/

    El sábado 19 de mayo ofreció una conferencia el Doctor Andrés Carrasco, en un acto organizado por la Alianza para la Soberanía Alimentaria de los Pueblos de Cataluña, Espacio de Recursos Agroecológicos y Somos lo que Sembramos.

    La conferencia comenzó con una breve introducción por parte de Gregorio Álvaro, miembro histórico del movimiento contra los transgénicos. Su introducción sirvió para destacar el hecho de que España, y concretamente en Aragón y Cataluña, es el país de la Unión Europea donde más se cultiva el maíz transgénico.

    El Doctor Andrés Carrasco informó de los resultados de los estudios realizados sobre los efectos de los herbicidas basados en el glifosato en el desarrollo embrionario de los anfibios. Los efectos teratogénicos fueron comprobados: dosis bajas de glifosato generan malformaciones en los embriones de los anfibios. Si se aplican directamente en el embrión dosis muy diluidas también se observan los mismos efectos. Enfatizó que la metodología empleada de estudios embriológicos es básica, pero que ha sido criticada porque no han gustado los resultados obtenidos. Los efectos teratogénicos del glifosato se explican por sus efectos sobre el retinol: el glifosato produciría un cambio en la concentración de retinol en el interior de las células. Los efectos teratogénicos del retinol en grandes concentraciones están bien documentados: junto con la talidomida y el alcohol son los agentes teratogénicos más importantes conocidos.

    Además de explicar sus estudios, Andrés Carrasco mostró los estudios epidemiológicos que evidencia un aumento de enfermedades vinculadas al uso de pesticidas sobre la población rural de Argentina. Explicó que los intereses económicos de la Industria de la soja son protegidos por las decisiones políticas que tergiversan los informes que dibujan un panorama desastroso. Se produce a menudo una connivencia entre los científicos y la empresas dedicadas a los agronegocios. De hecho, una buena parte de las conferencia del Doctor Carrasco estuvo centrada en señalar la importancia de hacer una buena ciencia y advertir contra la falsa, vinculada a los intereses económicos, dejando de lado el bien común.

    Saludos!