Ombú (Phytolacca dioica): descripción, historia, orgullo de Argentina...

Tema en 'Ombú o bellasombra (Phytolacca dioica)' comenzado por Betina2010, 6/10/12.

  1. Betina2010

    Betina2010 Marta

    EL DESCONCERTANTE OMBÚ

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    En América del Sur, pocos seres vivos generaron más controversia que el ombú.

    Se dice que es típico de la Pampa, y no lo es.

    Algunos lo respetan por sus cualidades; otros lo consideran una planta inútil. Se discute hasta el día de hoy su condición de árbol, pues muchos argumentan que en realidad es una "yerba gigante".

    Para el gaucho era sinónimo de mala suerte, aunque desde hace décadas se lo difunde como uno de los vegetales nativos con mayores cualidades ornamentales.

    Hasta se lo podría considerar un farsante.

    Quienes descubran un ombú en su hábitat natural no podrán creer que se trata del mismo coloso vegetal, de gigantesca base, que acostumbramos ver desde niños en las plazas.

    Pero vayamos repasando uno por uno los aspectos que han hecho del ombú una planta tan polémica.
    El ombú cultivado difícilmente pase inadvertido. Uno de los detalles más llamativos es la base de su tronco enorme, que se desparrama hacia el suelo en gruesos pliegues ondulantes. Estos confieren a la especie un aspecto de escultura vegetal y brindan a los niños "toboganes", huecos donde esconderse, fantástica materia prima para disparar la imaginación.

    Tal aspecto resulta el más conocido, aunque el menos natural. El ombú adquiere copa amplia y gran tronco creciendo en aislamiento, rodeado de canteros y césped.

    En la naturaleza, su hábitat original está conformado por los montes del nordeste de la Argentina. Allí la competencia por la luz es muy fuerte, y las especies de porte arbóreo y altos requerimientos lumínicos necesitan asomarse al techo del bosque para crecer.

    Por lo tanto, si queremos encontrar al ombú en su ambiente debemos mirar con suma atención. Así descubriremos que algunos de los troncos estilizados del monte pertenecen a individuos de la especie, que para vivir debieron apostar a desarrollarse en altura.

    La acción moldeadora del ambiente -en este caso a través de la competencia por la luz-, es increíble en especies muy plásticas como el ombú.

    Hierba gigante

    Aclarada la imagen de nuestro personaje, llegó el momento de tratar de resolver una de las controversias más vigentes: ¿es un árbol o una hierba?

    Si todos percibimos fácilmente su porte arbóreo, ¿de dónde viene la discusión? Los detractores de su condición de árbol argumentan que carece de madera, y ello es en parte verdad.

    Las plantas leñosas generan ordenados anillos concéntricos de tejidos vasculares. Los que forman el corazón del tronco -de fuerte constitución-, son los vasos que conducen la savia no elaborada. Su acumulación es lo que comúnmente denominamos madera. Por separado se desarrollan los vasos que conducen la savia elaborada, que a diferencia de los anteriores están vivos y se ubican en la periferia de las ramas leñosas, junto a la corteza.

    El tallo del ombú tiene un crecimiento anómalo. Ambos tipos de tejidos vasculares se presentan mezclados y entre ellos hay grupos de células grandes y muy hidratadas. Cuando las partes viejas del tronco pierden funcionalidad y mueren, queda una estructura esponjosa, poco resistente, que tiende rápidamente a pudrirse y desvanecerse (en vez de una madera fuerte que se va secando).

    Esta característica es habitualmente perceptible en los troncos de ombúes que se ahuecan, continuando el proceso de conducción de savias en las capas más externas del tallo.

    Carecer de madera, una materia prima esencial para el hombre, fue suficiente para descalificar al ombú: no merece considerárselo árbol.

    Claro que alguna etiqueta debía dársele. Entonces surgió aquello de "hierba gigante".

    Sin desmerecer esta clasificación, tan popular en la actualidad, debemos aclarar que la presencia de madera no es el único detalle distintivo de los árboles. En general, se denomina así a las plantas con un tronco principal -a diferencia de los arbustos que tienen varios- y una copa ubicada distante del suelo. Desde este punto de vista, más funcional o ecológico, el ombú es todo un árbol.

    La patria del ombú

    Mal que le pese a muchos, el ombú no es originario de la Pampa.

    La distribución del ombú silvestre en la Argentina abarca los montes del Chaco Oriental y parte de la Selva Misionera hasta los algarrobales del Litoral y los bosques de tala del noreste de Buenos Aires.

    Pero ejemplares aislados de plantas y animales silvestres suelen, por diversos motivos, salirse de su dispersión natural.

    No es de extrañar, entonces, que algunos ombúes se hayan internado en el pastizal pampeano, región vecina de los talares del noreste bonaerense que habitaba.

    Y allí, sin dudas, la Pampa se encargó de marcar la diferencia: un ombú creciendo en su hábitat original podía pasar inadvertido, aunque jamás en la vastedad de la llanura.

    El resto corrió por cuenta de los poetas y ensayistas gauchescos. A ellos debemos que la unión del ombú con la pampa se incorporara con fuerza de credo a la cultura de los argentinos.

    Todo comenzó, quizás, con el remate de uno de los versos que Luis Domínguez publicó en 1843:

    Cada comarca en la tierra
    tiene un rasgo prominente:
    el Brasil, su sol ardiente;
    minas de plata, el Perú;
    Montevideo, su cerro;
    Buenos Aires, patria hermosa,
    tiene la Pampa grandiosa;
    la Pampa tiene el ombú.

    Mientras el poema de Domínguez se hacía popular, la discusión sobre el origen de la especie fue subiendo de tono en los círculos intelectuales. La cosa llegó a tal punto que, en 1878, el naturalista Carlos Berg se vio obligado aclarar en un artículo ("La patria del ombú) que se trataba de un vegetal oriundo de América y no de Europa, como también empezaba a postularse.

    Tocó al escritor Leopoldo Lugones cerrar dignamente esta discusión. En El Payador, al referirse a Santos Vega y su escenario silvestre (la zona del Tuyú), escribió: "a la siesta, sobre los campos que la llamarada solar devora, el caminante percibía tan sólo a largos trechos el ombú singular, con su sombra de capilla abierta, en la inacabable llanura donde aquel copudo emigrante de la selva misionera iniciaba el Período arbóreo".

    Bien por Lugones.

    Mala y buena fama

    Dentro de la lógica del gaucho, la semblanza de la especie cabe en dos sentencias: "El ombú no sirve ni para el fuego" y "Casa con ombú, acaba en tapera". En otras palabras, es inútil y trae mala suerte.

    El juicio peyorativo se basa en observaciones de la realidad. Como ya dijimos, el ombú tiene tronco pero no madera, el recurso natural más escaso en la pampa silvestre. Por lo tanto, ni siquiera ofrece leña, razón suficiente para declararlo inservible.

    Como contracara, es bien conocida la cualidad medicinal del ombú. Sus hojas constituyen laxantes muy efectivos, calificadas de "drástico violento" en etnobotánica. También se las emplea con el mismo fin para tratar al ganado. E incluso participan de una broma frecuente: colocadas en trocitos dentro del mate, provocan súbitos cólicos al incauto bebedor.

    En Corrientes, además, se prepara una solución acuosa con hojas picadas de ombú, altamisa y yerbabuena, que aplicada sobre el cabello cura los dolores de cabeza y la insolación.

    Y, cuando se cortan en el monte, los hacheros facilitan la coagulación y cicatrización de sus heridas profundas colocando sobre ellas ceniza de ramas y hojas de ombú.

    La especie, como puede apreciarse, es un acabado ejemplo de la utilidad de nuestra flora nativa.

    Orgullo nacional

    En la Argentina, el ombú tiene una popularidad sólo comparable a la del algarrobo y el seibo. A tal punto que pocas especies tienen tantos ejemplares añosos con etiqueta oficial de "árbol histórico".

    La sensación es la misma toda vez que nos topamos con un ombú.

    Mientras a su derredor giran injurias y alabanzas y se perpetúa la polémica, el coloso sólo parece preocupado por crecer y crecer, se diría que indiferente a las reacciones que provoca.

    ¿Árbol o hierba? ¿Inservible o provechoso? ¿Litoraleño o pampeano? ¿Bueno o malo? Poco importa. Ya es hora de reconocer que el ombú se salió con la suya: venció nuestro infinito deseo de clasificar el mundo.

    Parte del texto original de la nota publicada en la revista Vida Silvestre, 64: 16-20. 1998.

    Texto extraído de: http://arbolesnativos.org.ar/index....oncertante-ombu&catid=36:articulos&Itemid=153
     
  2. Ombú (Phytolacca dioica): ficha

    En otro hilo escribí esto sobre nuestro querido y conocido ombú:

    El ombú (Phytolacca dioica) es originario de Argentina y Uruguay.
    En nuestras pampas era casi el único refugio de sombra.

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    A pesar del enorme tamaño que puede alcanzar, se discute si es un árbol o una hierba gigante, ya que su tronco carece de los anillos de crecimiento y su madera es tan esponjosa, blanda y húmeda que ni siquiera sirve para leña.

    Hay una bella leyenda sobre el ombú:

    Cuando Dios hizo al mundo fue preguntándole a todos los árboles cómo querían ser. Cuando llegó a nuestras pampas, el quebracho pidió ser fuerte y duro y Dios lo hizo fuerte y duro.
    El jacarandá pidió ser bello y adornado y Dios le otorgó las bellas flores celestes. Y así todos.
    Cuando le llegó el turno al ombú, éste dijo:

    "Tata Dios ... Yo quiero ser coposo para dar sombra y descanso a los caminantes; no quiero flores ni perfumes, ni vistosos colores, ni jugo, ni siquiera fruto ... que mi tronco sea tan blando para que los clavos no puedan quedar clavados en mi madera ... Tata Dios ... quiero hacer el bien a los hombres ...aliviarles las fatigas cuando cruzan las llanuras y los montes, los ríos y montañas bajo el sol calcinante y muertos de sed en medio de la tierra reseca por el fuego y el calor "

    Y Dios lo hizo así.

    Siglos y siglos después el Hijo de Dios vino al mundo y los hombres lo crucificaron.

    El ombú, lleno de dolor corrió hacia Dios y le dijo.

    "Cuando usted hizo los árboles les preguntaba a todos qué querían ser ... y todos querían ser bonitos, lindos y fuertes ... Yo no quería nada de eso para que jamás pudiera servir de cruz"

    Dios lo consoló, contándole que Su Hijo ya había resucitado, pero en agradecimiento le otorgó al ombú otros dos dones: crecer más rápido que cualquier otro árbol para que muy pronto pudiera ser el refugio de los hombres y animales y que sus hojas tengan total inmunidad para cualquiera de los insectos que pudieran atacarlo.
     
  3. Betina2010

    Betina2010 Marta

    Re: URUGUAY NATURAL/INTERNACIONAL - CHACRA LXVII: JARDIN - HUERTA - AMIGOS Y MUCHO MA

    OMBÚ (Phytolacca dioica)

    El conocido ombú, símbolo de nuestro campo, es en realidad una hierba gigante que por su extraordinario porte se ha ganado la categoría de árbol. Pertenece a la familia de Fitolacáceas. Su origen es Sudamérica, con mayor distribución en Argentina, Uruguay y Brasil.

    Es una planta herbácea de gran tamaño, que llega a superar los 15 m. de altura.

    Su copa es muy amplia con grandes ramificaciones. Su tronco, muy ensanchado en la base, puede alcanzar los 2 m. de diámetro. Posee enormes raíces superficiales que caracterizan a esta especie de rápido crecimiento.

    Sus hojas son de color verde intenso, de 10 a 15 cm. de largo.

    En climas templados es perenne, aunque puede perder sus hojas en inviernos muy fríos.

    Las flores, poco vistosas, se presentan en racimos colgantes.

    Los frutos son bayas carnosas, redondas y aplanadas, de color amarillento en su madurez, que albergan una pequeña semilla negra en cada lóculo (en botánica, cavidad de algunos órganos, donde se alojan las semillas).

    Se propaga mediante semillas o esquejes.

    Prospera en clima templado a pleno sol y no tolera las heladas. Prefiere suelo suelto y no muy húmedo.
    Cultivado como bonsái es conveniente conformar ejemplares grandes para aprovechar el extraordinario desarrollo de sus raíces y tronco. Para reducir sus hojas hay que desfoliarlo a principios del verano. Es ideal para guiarlo como vertical informal o troncos múltiples.

    (Texto extraído de la revista "Botánica Práctica").
     
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