Poemas, cuentos y leyendas

Tema en 'Temas de interés (no de plantas)' comenzado por mai^a, 27/2/08.

  1. Clause

    Clause Claudia

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    Si Anveri , estoy de acuerdo ...papaito ,una ternura...y tambien encierra el mensaje ,de que todo es posible, mas en esos tiempos ,donde la educacion para la mujer era algo que no se consideraba.Esta autora ,aunque vivio poco, lucho mucho por la igualdad.
    Y de Saint Exupery...que se puede decir ....un espiritu puro! :happy: con ideas claras y sentimientos maravillosos!
     
  2. Clause

    Clause Claudia

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    Pablo Neruda y Miguel Hernandez ...historia de una amistad

    Miguel Hernández
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    ODA ENTRE SANGRE Y VINO
    A PABLO NERUDA

    Para cantar ¡qué rama terminante,
    qué espeso aparte de escogida selva,
    qué nido de botellas, pez y mimbres,
    con qué sensibles ecos, la taberna!

    Hay un rumor de fuente vigorosa
    que yo me sé, que tú, sin un secreto,
    con espumas creadas por los vasos
    y el ansia de brotar y prodigarse.

    En este aquí más íntimo que un alma,
    más cárdeno que un beso de invierno,
    con vocación de púrpura y sagrario,
    en este aquí te cito y te congrego,
    de este aquí deleitoso te rodeo.

    De corazón cargado, no de espaldas,
    con una comitiva de sonrisas
    llegas entre apariencias de océano
    que ha perdido sus olas y sus peces
    a fuerza de entregarlos a la red y a la playa.

    Con la boca cubierta de raíces
    que se adhieren al beso como ciempieses fieros,
    pasas ante paredes que chorrean
    capas de cardenales y arzobispos,
    y mieras, arropías, humedades
    que solicitan tu asistencia de árbol
    para darte el valor de la dulzura.

    Yo que he tenido siempre dos orígenes
    un antes de la leche en mi cabeza
    y un presente de ubres en mis manos;
    yo que llevo cubierta de montes la memoria
    y de tierra vinícola la cara,
    esta cara de surco articulado:
    yo que quisiera siempre, siempre, siempre,
    habitar donde habitan los collares:
    en un fondo de mar o en un cuello de hembra,
    oigo tu voz, tu propia caracola,
    tu cencerro dispuesto a ser guitarra,
    tu trompa de novillo destetado,
    tu cuerno de sollozo invariable.

    Viene a tu voz el vino episcopal,
    alhaja de los besos y los vasos
    informado de risas y solsticios,
    y malogrando llantos y suicidios,
    moviendo un rabo lleno de rubor y relámpagos,
    nos relame, buey bueno, nos circunda
    de lenguas tintas, de efusivo oriámbar,
    barriles, cubas, cántaros, tinajas,
    caracolas crecidas de cadera
    sensibles a la música y al galope,
    y una líquida pólvora nos alumbra y nos mora,
    y entonces le decimos al ruiseñor que beba
    y su lengua será más fervorosa.

    Órganos liquidados, tórtolas y calandrias
    exprimidas y labios desjugados;
    imperios de granadas informales,
    toros, sexos y esquilas derretidos,
    desembocan temblando en nuestros dientes
    e incorporan sus altos privilegios
    con toda propiedad a nuestra sangre.

    De nuestra sangre ahora surten crestas,
    espolones, cerezas y amarantos;
    nuestra sangre de sol sobre la trilla
    vibra martillos, alimenta fraguas,
    besos inculca, fríos aniquila,
    ríos por desbravar, potros esgrime
    y espira por los ojos, los dedos y las piernas
    toradas desmandadas, chivos locos.

    Corros en ascuas de irritadas siestas,
    cuando todo tumbado es tregua y horizonte
    menos la sangre siempre esbelta y laboriosa,
    nos introducen en su atmósfera agrícola:
    racimos asaltados por avispas coléricas
    y abejorros teñidos; racimos revolcados
    en esas delicadas polvaredas
    que hacen en su alboroto mariposas y lunas;
    culebras que se elevan y silban sometidas
    a un régimen de luz dictatorial;
    chicharras que conceden por sus élitros
    aeroplanos, torrentes, cuchillos afilándose,
    chicharras que anticipan la madurez del higo,
    libran cohetes, elaboran sueños,
    trenzas de esparto, flechas de insistencia
    y un diluvio de furia universal.

    Yo te veo entre vinos minerales
    resucitando condes, desenterrando amadas,
    recomendando al sueño pellejos cabeceros,
    recomendables ubres múltiples de pezones,
    con una sencillez de bueyes que sestean.
    Cantas, sangras y cantas; te pones a sangrar
    y no son suficientes tus heridas
    ni el vientre todo tallo donde tu sangre cuaja.
    Cantas, sangras y cantas.
    Sangras y te ensimismas
    como un cordero cuando pace o sueña.
    Y miras más allá de los allases
    con las venas cargadas de mujeres y barcos,
    mostrando en cada parte de tus miembros
    la bipartita huella de una boca,
    la más dulce pezuña que ha pisado
    mientras estás sangrando al compás de los grifos.

    A la vuelta de ti, mientras cantas y estragas
    como una catarata que ha pasado
    por entrañas de aceros y mercurios,
    en tanto que demuestras desangrándote
    lo puro que es soltar las riendas a las venas,
    y veo entre nosotros coincidencias de barro,
    referencias de ríos que dan vértigo y miedo
    porque son destructoras, casi rayos,
    sus corrientes que todo lo arrebatan;
    a la vuelta de ti, a la del vino,
    millones de rebeldes al vino y a la sangre
    que miran boquiamargos, cejiserios,
    se van del sexo al cielo, santos tristes,
    negándole a las venas y a las viñas
    su desembocadura natural:
    la entrepierna, la boca, la canción,
    cuando la vida pasa con las tetas al aire.

    Alrededor de ti y el vino, Pablo,
    todo es chicharra loca de frotarse,
    de darse a la canción y a los solsticios
    hasta callar de pronto hecha pedazos,
    besos de pura cepa, brazos que han comprendido
    su destino de anillo, de pulsera: abrazar.

    Luego te callas, pesas con tu gesto de hondero
    que ha librado la piedra y la ha dejado
    cuajada en un lucero persuasivo,
    y vendimiando inconsolables lluvias,
    procurando alegría y equilibrio,
    te encomiendas al alba y las esquinas
    donde describes letras y serpientes
    con tu palma de orín inacabable,
    te arrancas las raíces que te nacen
    en todo lo que tocas y contemplas
    y sales a una tierra bajo la cual existen
    yacimientos de cuernos, toreros y tricornios.


    Miguel Hernández
    Poesía completa


     
  3. Clause

    Clause Claudia

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas

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    La víspera (de los exámenes)
    Querido Papaíto-Piernas-Largas:

    ¡Qué manera de estudiar en este colegio! Nos hemos olvidado por completo de que tuvimos vacaciones. Cincuenta y siete son los verbos irregulares que me he metido en la cabeza en los últimos cuatro días. Sólo espero que allí se queden hasta después de los exámenes. Algunas chicas venden sus libros cuando han terminado con ellos, pero yo pienso conservar los míos. Así, cuando me reciba, tendré toda mi educación en un estante de la biblioteca y, cuando necesite recordar cualquier detalle, podré buscarlo sin la menor vacilación. Resultará mucho más simple y preciso que tratar de guardar todo en la memoria.
    Esta tarde Julia Pendleton vino a hacerme una visita de cortesía y se quedó una hora enterita. Empezó con el tema de la familia y no pude sacarla de allí. Quería saber el nombre de soltera de mi madre.
    ¿Ha oído usted alguna vez algo más impertinente para preguntar a una expósita? No tuve valor para decirle que no lo sabía, de modo que eché mano del primer nombre que se me ocurrió y dije "Montgomery". Entonces quiso saber si era de los Montgomery de Massachusetts o de los de Virginia.
    La madre de ella era una Rutherford. La familia procedía del Arca de Noé y por casamiento se relacionó con Enrique VIII. Por el lado paterno se remontan a más allá de Adán, y en las ramas más viejas de la familia figura una raza superior de monos de pelo sedoso y larguísimas colas.
    Pensaba escribirle una carta simpática y entretenida esta noche, pero tengo demasiado sueño... y terror. Es triste el destino de la novata.
    Suya, a punto de ser examinada, Judy Abbott


    Domingo
    Queridísimo. Papaíto-Piernas-Largas:

    Tengo una noticia horripilante que darle, pero no voy a empezar por ahí sino que primero trataré de ponerlo de buen humor.
    Jerusha Abbott ya empezó a ser escritora. En la revista mensual correspondiente a febrero aparecerá en la primera página un poema titulado Desde mi torre. Figurar en la primera plana constituye un gran honor para una alumna de primer año. Ayer a la tarde, a la salida de la capilla, me paró la profesora de inglés y me dijo que el poema en cuestión era una obrita encantadora si se exceptúa el sexto verso, que tiene demasiadas sílabas. Le enviaré a usted un ejemplar de la revista por si le interesa leerlo.
    A ver si se me ocurre alguna otra cosa agradable para contarle... ¡Ah sí! Estoy aprendiendo a patinar y ya me deslizo aceptablemente sola. También aprendí a deslizarme por una soga desde el techo del gimnasio y a saltar con garrocha una valla de un metro de alto. Espero, muy en breve, saltar una de un metro veinte.
    Esta mañana escuchamos un sermón muy inspirado de un obispo procedente de Alabama. La idea principal era el texto bíblico "No juzguéis si no deseáis ser juzgados". Y trataba, por supuesto, de la necesidad de disimular los errores de los demás y no desanimar a nadie con juicios demasiado severos... ¡Ojalá hubiera podido usted oír ese sermón!
    Tenemos la más deliciosa y soleada tarde de invierno que pueda imaginarse, con agujas de hielo colgando de los abetos y todo el mundo visible agobiado por el peso de la nieve... Con excepción de mi persona, agobiada por el peso del dolor.
    Y ahora... ¡la noticia!... ¡Valor, Judy!... ¡No hay más remedio que darla!...
    Me aplazaron en matemáticas y en latín. Me estoy preparando con una profesora y me tomarán otro examen el mes que viene. Sentiría mucho haberlo defraudado, pero, a no ser por eso, este contratiempo no me importaría un ápice, ya que he aprendido muchas otras cosas que no figuran en el programa. Leí diecisiete novelas y kilos de poesías. Se trata de novelas realmente necesarias, como Orgullo y prejuicio y Richard Feverel y Alicia en el país de las maravillas... Sin contar los Ensayos de Emerson y la Vida de Scott de Lockhart, el primer tomo del Imperio romano de Gibbon y la mitad de la Vida de Benvenuto Cellini... ¡Qué tipo tan divertido! Solía dar un paseito por las mañanas y matar a alguien antes del desayuno.
    Como ve, Papaíto, aprendí mucho más que si me hubiera limitado al latín. ¿Me perdonará usted por esta vez si le prometo no volver a fallarle nunca más?
    Suya, arrepentidísima, Judy

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    Querido Papaíto-Piernas-Largas:

    Ésta es una carta extra, a mitad de mes, sólo porque esta noche me siento muy sola. Hay mucha tormenta y la nieve golpea contra las paredes de mi torre. En la universidad todas las luces están apagadas, pero yo tomé café negro y no puedo conciliar el sueño. Es que hoy di una comida para Sallie McBride, Julia y Leonora Fenton. Comimos sardinas, bollitos tostados, ensalada, caramelos de chocolate y café. Julia dijo que se había divertido, pero Sallie se quedó conmigo y me ayudó a lavar los platos.
    Sería muy útil —y conveniente— que esta noche dedicara algún tiempo al latín, pero no cabe ninguna duda de que soy una mala estudiante de latín.
    Acabamos de terminar De senectute de Tito Livio y estamos ahora abocadas a De amicitia. Mucho me temo que yo no sentiré nunca mucha "amicitia" por estos señores romanos.
    ¿Le molestaría mucho representar por un tiempo el papel de mi abuela? Sallie tiene una, Julia y Leonora dos cada una, y esta noche se entretuvieron comparándolas. Yo, muda... En este momento no hay cosa alguna que yo prefiera a poseer una abuelita. ¡Me parece un pariente tan respetable! De modo que, si no tiene usted inconveniente, ayer, en la ciudad, le compré a mi abuelita una preciosa cofia de encaje de Cluny adornada con cintas lila, para regalarle cuando cumpla ochenta y tres años...
    ¡Doce campanadas! Es la campana de la capilla dando las doce de la noche. Creo que, después de todo, tengo sueño.
    ¡Buenas noches, abuelita!
    Te quiero mucho,
    Judy
     
  4. Clause

    Clause Claudia

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas



    Arte Poética

    Mirar el río hecho de tiempo y agua
    y recordar que el tiempo es otro río,
    saber que nos perdemos como el río
    y que los rostros pasan como el agua.

    Sentir que la vigilia es otro sueño
    que sueña no soñar y que la muerte
    que teme nuestra carne es esa muerte
    de cada noche , que se llama sueño.

    Ver en el día o en el año un símbolo
    de los días del hombre y de sus años,
    convertir el ultraje de los años
    en una música, un rumor, y un símbolo,

    ver en la muerte el sueño, en el ocaso
    un triste oro, tal es la poesía
    que es inmortal y pobre. La poesía
    vuelve como la aurora y el ocaso.

    A veces en las tardes una cara
    nos mira desde el fondo de un espejo;
    el arte debe ser como ese espejo
    que nos revela nuestra propia cara.

    También es como el río interminable
    que pasa y queda y es cristal de un mismo
    Heráclito inconstante, que es el mismo
    y es otro, como el río interminable.

    Jorge Luis Borges
     
  5. Clause

    Clause Claudia

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    26 de marzo
    Sr. P. P. L. Smith:

    Señor: Usted nunca contesta mis preguntas, nunca muestra el más mínimo interés por nada de lo que hago. Es muy probable que sea usted el más horrendo de todos aquellos horrendos síndicos del asilo y que la única razón que haya tenido para educarme no sea la de interesarse por mí sino exclusivamente cumplir con su sentido del deber.
    Sigo sin saber nada de usted. Sin duda alguna arroja todas mis cartas al canasto sin leerlas, razón por la cual de ahora en adelante me limitaré a escribir sobre mis estudios. Mis exámenes complementarios de matemáticas y latín tuvieron lugar la semana pasada. Aprobé las dos materias y ahora figuro incondicionalmente como alumna regular.
    Suya affma. Jerusha Abbott



    Querido Papaíto-Piernas-Largas:

    ¡Soy una perfecta bestia!
    Por favor, olvídese de esa horrible carta que le mandé la semana pasada. La noche que la escribí me sentía espantosamente sola y desdichada, me dolía la garganta y todo el cuerpo. Es que estaba incubando una gripe con amigdalitis y una cantidad de cosas más. Ahora estoy en la enfermería desde hace seis días y es la primera vez que me permiten sentarme en la cama y me dan papel y pluma. La jefa de enfermeras

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    es sumamente mandona y severa. Pero todos estos días no he podido borrarme la idea de aquella carta y no podré mejorarme hasta que usted no me perdone.
    Aquí va mi retrato, con la cabeza vendada en forma de orejas de burro.
    ¿Verdad que esa imagen despierta su compasión? Tengo hinchadas las glándulas sublinguales. ¡Y pensar que todo el año estudié anatomía sin enterarme de que existían las glándulas sublinguales!... Lo cual prueba que la educación es algo bastante superficial.
    No puedo seguir escribiendo. Todavía me tiembla todo el cuerpo cuando paso mucho rato sentada. Por favor, perdóneme el haber sido impertinente e ingrata. Me han educado muy mal.
    Suya, afectuosamente,
    Judy

    Desde la enfermería
    Querido Papaíto-Piernas-Largas:

    Ayer a la tarde, justo al anochecer mientras estaba sentada en la cama mirando llover por la ventana y pensando en lo aburrida que es la vida de una enferma en una gran institución, apareció la enfermera con una gran caja blanca a mi nombre y llena de los más preciosos pimpollos de rosa que he visto jamás. Y lo que es más, venían acompañados de una tarjeta con unas palabras muy amables escritas con letra inclinada hacia la izquierda, rarísima, ¡pero que índica mucho carácter! ¡Gracias, Papaíto, mil gracias! Estas flores son el primer regalo verdadero que he recibido en mi vida- Si quiere saber cómo soy de tonta, me eché a llorar... ¡de feliz que me sentía!
    Ahora que estoy segura de que Iee usted mis cartas, trataré de hacerlas mucho más interesantes de modo que valga la pena conservarlas... y hasta ponerles marco. ¡Todas menos aquella horrible que le escribí la semana pasada! ¡Por favor, saque ésa del montón y quémela! Me horroriza pensar que pueda usted releerla. Gracias otra vez por alegrar a una pobre novatita que se sentía muy mal y muy desdichada y de mal humor. Probablemente tenga usted mucha familia y amigos y por eso no puede imaginar lo que significa estar completamente sola.
    Adiós. Le prometo formalmente que nunca más me pondré me pondré antipática, puesto que ahora me consta que es usted una persona de veras y no un fantasma. También le prometo no hacerle más preguntas. ¿Todavía odia a las chicas?
    Suya para siempre, Judy

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    Continua
     
  6. mai^a

    mai^a My Garden

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas



    Ayer tarde, al salir de la escuela, fui a visitar a mi maestro enfermo.
    El trabajo excesivo le ha hecho enfermar. Cinco horas de lección al
    día, luego una hora de gimnasia, luego otras dos horas de escuela
    de adultos por la noche, lo cual significa que duerme muy poco, que
    come a escape y que no puede ni respirar siquiera tranquilamente
    de la mañana a la noche; no tiene remedio, ha arruinado su salud.
    Esto dice mi madre. Ella me esperó abajo, en la puerta de la calle;
    subí, y en las escaleras me encontré al maestro de las barbazas
    negras, Coatti, aquel que mete miedo a todos y no castiga a nadie;
    él me miró con los ojos fijos, bramó como un león en broma, y pasó
    muy serio. Aún me reía yo cuando llegaba al piso cuarto y tiraba de
    la campanilla; pero pronto cambié, cuando la criada me hizo entrar
    en un cuarto pobre, medio a oscuras, donde se hallaba acurrucado
    mi maestro. Estaba en una cama pequeña de hierro, tenía la barba
    crecida. Se puso la mano en la frente como pantalla para verme mejor,
    y exclamó con voz afectuosa:

    -¡Oh, Enrique!

    Me acerqué al lecho, me puso una mano sobre el hombro y me dijo:

    -Muy bien, hijo mío. Has hecho bien en venir a ver a tu pobre maestro.
    Estoy en mal estado, como ves, querido Enrique. Y, ¿cómo va la escuela?
    ¿Qué tal los compañeros? ¿Todo va bien, eh, aun sin mí? Os encontráis
    bien sin mí, ¿no es verdad? ¡Sin vuestro viejo maestro!


    Yo quería decir que no; él me interrumpió:

    -Ea, vamos, ya lo sé que no me queréis mal.

    Y dio un suspiro.

    Yo miraba unas fotografías clavadas en las paredes.

    -¿Ves? -me dijo-. Todos esos muchachos me han dado sus retratos,
    desde hace más de veinte años. Guapos chicos. He ahí mis recuerdos.
    Cuando me muera, la última mirada la echaré allí, a todos aquellos pilluelos,
    entre los cuales he pasado la vida. ¿Me darás tu retrato también cuando
    termines el grado elemental?

    Luego tomó una naranja que tenía sobre la mesa de noche, y me la alargó
    diciendo:

    -No tengo otra cosa que darte; es un regalo de enfermo.

    Yo le miraba y tenía el corazón triste, no sé por qué.

    -Ten cuidado, ¿eh? -volvió a decirme-; yo espero que saldré bien de ésta;
    pero si no me curase..., cuídate de ponerte fuerte en Aritmética, que es tu
    punto débil; haz un esfuerzo; no se trata más que de un primer esfuerzo,
    porque a veces no es falta de aptitud; es una preocupación o, como si se
    dijese, una manía.

    Pero, entretanto, respiraba fuerte; se veía que sufría.

    -Tengo una fiebre muy alta... -Y suspiró-. Estoy medio muerto. Te lo repito:
    ¡firme en Aritmética y en los problemas! ¿Que no sale bien a la primera? Se
    descansa un momento y se vuelve a intentar. ¿Que todavía no sale bien?
    Otro poco de descanso y vuelta a empezar. Y adelante, pero con
    tranquilidad, sin cansarse, sin perder la cabeza. Vete. Saluda a tu madre.
    Y no vuelvas a subir las escaleras; nos volveremos a ver en la escuela.
    Y si no nos volvemos a ver, acuérdate alguna vez de tu maestro del tercer
    año, que siempre te ha querido bien.

    Al oír aquellas palabras, sentí deseos de llorar.

    -Inclina la cabeza -me dijo. La incliné sobre la almohada y me besó sobre los
    cabellos. Luego añadió-: Vete -y volvió la cara del lado de la pared. Yo bajé
    volando las escaleras, porque tenía necesidad de abrazar a mi madre.
     
  7. Clause

    Clause Claudia

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    :happy: :happy: :happy: que bonito!
    hola maia!!:beso: :beso:
     
  8. Clause

    Clause Claudia

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas


    EL HONDO SUEÑO

    Este soñar a solas... ¡Si tu vida
    de pronto amaneciese ante mi espera!
    ¿Por dónde voy cayendo? Primavera,
    mientras, en tomo mío dilapida

    su olor y se me escapa en la caída.
    ¡Tan solitariamente se acelera
    -y está la noche ahí, variando fuera-
    la gravedad de un ansia desvalida!

    Pero tanto sofoco en el vacío
    cesará. Gozaré de apariciones
    que atajarán el vergonzante empeño

    de henchir tu ausencia con mi desvarío.
    ¡Realidad, realidad, no me abandones
    para soñar mejor el hondo sueño!





    Jorge Guillén
     
  9. Clause

    Clause Claudia

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    YA SE ACORTAN LAS TARDES

    Ya se acortan las tardes, ya el poniente
    Nos descubre los más hermosos cielos,
    Maya sobre las apariencias velos
    Pone, dispone, claros a la mente.

    Ningún engaño en sombra ni en penumbra,
    Que a los ojos encantan con matices
    Fugitivos, instantes muy felices
    De pasar frente al sol que los alumbra.

    Nos seduce este cielo de tal vida,
    El curso de la gran Naturaleza
    Que acorta la jornada, no perdida
    Si hacia la luz erguimos la cabeza.

    Siempre ayuda la calma de esta hora,
    Lenta en su inclinación hasta lo oscuro,
    Y se percibe un ritmo sobre el muro
    Que postrero fulgor ahora dora.

    Este poniente sin melancolía
    Nos sume en el gran orden que nos salva,
    Preparación para alcanzar el alba,
    También serena aunque mortal el día.


    Jorge Guillén
     
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    Clause Claudia

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas

    Jorge Guillén


    "..Ondea la penumbra. No hay suspiro
    flotante. Lo mejor soñado es vida."



    Escultura de Jorge Guillén en los jardines del Poniente de Valladolid.Jorge Guillén Álvarez (Valladolid, 18 de enero de 1893 - Málaga, 6 de febrero de 1984) fue un poeta y crítico literario español, integrante de la Generación del 27.


    Biografía

    Su vida transcurre paralela a la de su amigo Pedro Salinas, a quien sucedió como lector de español en La Sorbona desde 1917 a 1923. Estudió sus primeras letras y Bachillerato en su ciudad natal y, aunque comenzó Filosofía y Letras en Madrid alojado en la Residencia de Estudiantes, se licenció en la Universidad de Granada; en esos años hizo varios viajes por Europa; en uno de ellos, en 1919, conoce a Germaine Cahen, con la que se casó dos años más tarde. Empieza a escribir Cántico y publica crítica literaria en la prensa y sus primeros poemas sueltos en revistas. Ya licenciado, ocupa el puesto de lector en la Universidad de La Sorbona (París) hasta 1923. En 1926 ocupa la Cátedra de Literatura de la Universidad de Murcia y poco después, con Juan Guerrero Ruiz y José Ballester Nicolás idea fundar la revista Verso y Prosa para sustituir al Suplemento Literario de La Verdad y elevarlo de nivel. En diciembre de 1928 aparece en la Revista de Occidente la primera edición de Cántico; hace un lectorado en la Universidad de Oxford (1929-1931) y en este último año se incorpora a la Universidad de Sevilla.
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    La Guerra Civil le sorprende en Valladolid y es brevemente encarcelado en Pamplona; vuelve a su Cátedra de Sevilla y se autodestierra en julio de 1938. Ejerce su labor docente en las Universidades de Middlebury, McGill (Montreal) y en el Wellesley College; en 1947 muere Germaine y se jubila en el Wellesley College en 1957; marcha entonces a Italia, donde contrae segundas nupcias en Florencia (195:icon_cool: con Irene Mochi-Sismondi, su segunda esposa, y se traslada después a Málaga; sin embargo ya había estado en España por primera vez desde la guerra en 1949, cuando fue a visitar a su padre enfermo. Reanuda su labor docente en Harvard y Puerto Rico, pero una caída con rotura de cadera le aparta de la docencia en 1970; en 1976 recibe el Premio Cervantes y en 1977 el Premio Internacional Alfonso Reyes. Fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía en 1983, un año antes de morir en Málaga el 6 de febrero de 1984. Sus restos mortales reposan en el Cementerio Anglicano de San Jorge, Málaga
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  11. Clause

    Clause Claudia

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas

    DOMINIO DEL RECUERDO

    Un recuerdo -pasado deleitoso-
    me ataca y se apodera
    tanto de mí que interna primavera
    me somete a su acoso.

    Aquel amor aun vibra
    bajo el impulso de una imagen, mero
    fantasma. Pido, quiero.
    un imán se me impone fibra a fibra.

    El espíritu invade mi existencia
    con poder soberano.
    Espíritu ya es cuerpo. ¿Quién presencia
    tal fusión, tal arcano?

    Amor, que fue tan fuerte
    durante aquel minuto fenecido,
    saliendo de su nido
    mental en sensación se me convierte.

    Mi memoria ya es carne, ya un placer
    -soñado- resucita,
    ya la verdad de mi vivir da cita.
    ¿Alma, cuerpo ? Mi ser.



    Jorge Guillen
     
  12. Clause

    Clause Claudia

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    Octava hora, lunes
    Querido Papaíto-Piernas-Largas:

    Espero que no haya sido usted aquel síndico que un día se sentó sobre un sapo. Me dijeron que el bicho había dado un tremendo topetazo, por lo tanto debió tratarse de un síndico más gordo que usted.
    ¿Se acuerda de aquellos huecos con rejillas que había junto a las ventanas del lavadero en el asilo? En primavera, para la estación de los sapos, solíamos hacer toda una colección de esos bichos y los escondíamos en esos huequitos. No era difícil que algunos saltaran hasta el lavadero, causando gran revuelo los días de lavado. Siempre nos castigaban con el máximo rigor por esas diabluras, pero a pesar de todo seguíamos coleccionando sapos todos los años.
    Un día... Bueno, no quiero cansarlo con los detalles del caso, pero lo cierto es que uno de los escuerzos más gordos, grandes y ju-go-sos de nuestra colección se coló hasta el salón de los síndicos y se acomodó en uno de los sillones de cuero. Y esa tarde, en medio de la reunión de esos señorones... En fin, me imagino que usted también estaría allí y que recuerda el resto del episodio.
    Mirando las cosas a la distancia y sin pasión, reconozco que el castigo que nos dieron fue merecido y, si mal no recuerdo, adecuado al tamaño de la falta.
    No sé por qué me encuentro hoy tan inclinada a las reminiscencias. Será tal vez que la llegada de la primavera y La reaparición de los sapos siempre me despiertan el viejo instinto adquisitivo. Lo único que me retiene ahora de comentar la colección es que no tenemos aquí ninguna norma que lo prohíba.


    Después de la capilla, jueves

    ¿Cuál cree usted que es mi libro preferido, por el omento? Cambio de preferencia cada tres días más menos... Por ahora es Cumbres borrascosas. Emily Bronté era muy joven cuando lo escribió y no había salido nunca de su casa natal. En su vida había conocido hombre alguno... ¿Cómo pudo concebir a uno como Heathcliffe?
    Yo no sería capaz, y eso que soy tan joven como ella y nunca he salido del asilo John Grier. Es decir, que he tenido todas las oportunidades del mundo. A veces me asalta el terrible pensamiento de no ser un genio. ¿Se sentirá usted muy defraudado, Papaíto, si no resulto una gran escritora? En primavera, cuando todo está tan hermoso, tan verde y lleno de brotes, me dan ganas de volver la espalda a los libros y escaparme a jugar con la naturaleza. ¡Hay tantas aventuras fascinantes afuera, en los campos! ¡Es mucho más entretenido vivir los libros que escribirlos! ¡Ohhhh...!
    Ese fue el chillido que pegué y que hizo acudir a Sallie, a Julia y —por un infortunado minuto— a la senior del otro lado del corredor. La causa fue un ciempiés como éste:

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    ¡Sólo que el verdadero era peor! Justo cuando terminaba mi frase, iplum!, cayó sobre mi papel de cartas. Al escaparme del monstruo volteé dos tazas de la mesa del té. Sallie lo cazó por fin con un cepillo de pelo —que nunca podré volver a usar— y le mató la parte delantera, aunque los cincuenta pies posteriores se escaparon por debajo de la cómoda.
    Como es vieja y está cubierta de hiedra, nuestra torre tiene ciempiés por todas partes. Me parecen horribles y preferiría encontrarme un tigre debajo de la cama.
     
  13. Clause

    Clause Claudia

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas

    Mi Poema de Abril

    Picoteando la cáscara
    de algún viejo recuerdo
    con la lluvia de Abril
    nacerá mi poema
    le pondré mil colores
    con obscuros y claros
    una música tenue
    y el perfume de nardo.

    Como una luciérnaga
    volará titilando
    subirá por los aires
    escapando de mi alma
    se estiraran mis manos
    sin poder alcanzarlo
    y dejará mis labios
    como siempre rogando

    Que una estrella lo guíe
    que lo lleve a tu lado
    Pues si tú lo encontraras
    si llegás a escucharlo
    mi poema de Abril
    quizá viva hasta Mayo.

    Ramón de Almagro
     
  14. Clause

    Clause Claudia

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    Re: ... de poetas, cuentos y leyendas

    DIOS ES UN MATEMÁTICO

    Mientras más viejo
    se muere menos:
    matemática pura.
    Dios es un matemático
    prolijo, previsible,
    y la naturaleza el libro
    que se le quedó abierto,
    olvidado,
    con pájaros inocentes
    escapando del destello,
    engañados como las flores
    de un espejismo;
    como los peces efímeros
    vagando en una tierra
    infecunda,
    como los días que se mueren
    a la hora señalada
    todos los días,
    cuando el sol es un reloj
    agonizante allá en la vida,
    que apunta prosternado
    hacia el ocaso.

    Matemática pura.
    Hábito de cándidos silencios
    apocalípticos.
    Memoria que fuiste,
    memoria que eres,
    doliente,
    mucho antes de haber sido
    y de ahora que menos
    se muere.

    Matemática pura.
    Sentencia sin secretos
    virginales.
    Diseño de mundos irrecusables
    construido.
    Mientras más viejo
    menos se muere.
    Dios es un matemático.

    Antonio Álvarez Bürger
     
  15. Clause

    Clause Claudia

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    Viernes, 9:30 de la noche

    Hoy se me juntó todo. Desde la mañana. No oí la campana para levantarse, después se me rompió el cordón de los zapatos cuando me vestía apurada y se me perdió el botón de la camisa debajo del escritorio. Llegué tarde para el desayuno y para la primera hora de clase. Me olvidé de llevar papel secante y mi lapicera fuente goteaba. En trigonometría, el profesor y yo tuvimos unas palabras acerca de una pequeña cuestión de logaritmos. Me fijé después en el libro y veo que él tenía razón. Nos dieron guiso de carnero y arroz con leche (los odio a ambos porque tienen gusto a asilo). El correo no me trajo nada más que cuentas (aunque debo decir que nunca me trae otra cosa, pues mi familia no es de las que escriben). En la clase de inglés nos dieron a comentar un poema indescifrable y allí estuvimos tres cuartos de hora pensando soluciones, para entregar al final los papeles en blanco. ¡Esto de adquirir una educación es realmente un proceso agotador!
    No crea usted, sin embargo, que con eso terminó este día aciago, Lo que falta es peor todavía!
    Como llovía, no pudimos jugar al golf sino que fuimos al gimnasio, donde mi vecina me dio un golpe en el codo con una clava. Cuando volví a mi cuarto de primavera y que la pollera me ajusta tanto que no roe puedo sentar- El viernes es día de limpieza y la mucama me había embarullado todos los papeles. De postre nos dieron, esta noche, una cosa que se llama "lápida" y que tiene el nombre muy bien puesto, ya que se compone de leche y gelatina sazonadas con vainilla. En la capilla nos retuvieron veinte minutos más que de costumbre para oír un sermón sobre las "mujeres femeninas".
    Y por último, justo cuando me sentaba con un suspiro de alivio para mi bien ganada hora de lectura del Retrato de una dama de Henry James, una chica llamada Ackerley, que se sienta a mi lado en la clase de latín porque el nombre empieza con A, vino a preguntarme si la lección de mañana empezaba en el párrafo 69 o en el 70 y se quedó... ¡una hora! ¡Es tan fea y antipática la pobrecita, que ojalá la señora Lippett me hubiera puesto Zabrisky! ¡Recién se va!
    ¿Alguna vez oyó usted semejante lista de calamidades? No son las grandes catástrofes de la vida las que exigen carácter. Cualquiera sería capaz de elevarse para hacer frente con valor a una gran crisis, pero encarar las mezquinas contrariedades cotidianas con alegría, ¡eso sí que requiere coraje!
    Ése es el tipo de carácter que yo me propongo adquirir. Fingiré que toda la vida es un juego que debo jugar con tanta habilidad y justicia como me sea posible. Si gano, me encogeré de hombros y soltaré la risa... Y si pierdo, también.
    Sea como fuere, no pienso perder mi espíritu deportivo. Nunca me oirá usted proferir otra queja, Papaíto querido, porque Julia lleve medias de seda o porque del techo caigan ciempiés...
    Siempre suya, Judy

    Conteste pronto.


    27 de mayo
    Al señor Papaíto-Piernas-Largas
    Muy señor mío:

    Acabo de recibir una carta de la señora Lippett. Espera que me porte bien, en conducta y en el estudio. Como piensa que no tendré adónde ir este verano, me permitirá volver al asilo y trabajar por mi pensión hasta que las clases comiencen de nuevo.

    ODIO EL ASILO JOHN GRIER
    Preferiría morirme antes que volver allí.
    Sinceramente Suya,
    Jerusha Abbott

    Cher (Querido) Papaíto Jambes-Longues (Piernas-Largas):

    ¡Vous etes (usted es) un amor!
    Je suis tres hereuse (estoy muy feliz) por el asunto de la granja. Jamais de ma vie (nunca en mi vida) he estado en una granja y detestaría retourner chez (volver al asilo John Grier et (y) lavar los platos tout l´eté (todo el verano). Correría el riesgo de que sucediera quelque chose d'affreux (algo espantoso), parce que j´ai perdu ma modestie d'autrefois (porque he perdido mi modestia de antes) et j'aurais peur (y tendría miedo) de que un jour (algún día) se me volaran los pájaros e hiciera añicos rodas las tasas y platos de la maison (de la casa).
    Pardon (perdón] por la brevedad y el papel. Je ne peux pas (no puedo) enviarle mes nouvelles (noticias mías) parce que je suis (porque estoy) en clase de francés at j'ai peur que monsieur le professeur (y tengo miedo de que el señor profesor) me vaya a llamar tout de suite (en seguida), ¡Así fue!
    Au revoir (hasta la vista).
    Je vous aíme beaucoup (lo quiero mucho).
    Judy


    30 de mayo

    Querido Papaíto-Piernas-Largas:

    ¿Ha visto usted alguna vez el terreno y las instalaciones de la universidad? (Se trata de una pregunta meramente retórica y no tiene por qué preocuparlo.) En mayo esto es un verdadero paraíso. Los arbustos están en flor, los árboles, de un verde joven precioso, y hasta los viejos pinos parecen nuevos y frescos. El césped está salpicado de dientes de león amarillos y de chicas vestidas de celeste, blanco y rosa. Todo el mundo está jovial y despreocupado, ya que se acercan las vacaciones y, ante esa perspectiva, los exámenes no cuentan.
    ¿Verdad que es el estado de ánimo ideal? Y yo, Papaíto, soy la más feliz de todas estas chicas felices. Porque no estoy más en el asilo y porque no soy ni niñera ni dactilógrafa ni tenedora de libros (ésas son las cosas que habría debido ser... de no haber sido por usted).
    Me arrepiento ahora de mis anteriores picardías.
    Me arrepiento de haber sido impertinente con la señora Lippett.
    Me arrepiento de haber llenado la azucarera con sal (alguna que otra rara vez).
    Me arrepiento de haber hecho morisquetas a espaldas de los síndicos.
    De ahora en adelante voy a ser buena y dulce y amable con todo el mundo, precisamente porque soy tan feliz. Y este verano voy a escribir, escribir y escribir, y así comenzará mi carrera de gran escritora. ¿Le parece que me coloco demasiado arriba para empezar? No se inquiete. Es que se me está desarrollando un carácter hermoso, que decae algo cuando hiela y hace frío, pero que renace cuando sale el sol.
    Creo que eso mismo le sucede a todo el mundo. No estoy de acuerdo con la teoría de que la adversidad, las penas y las frustraciones desarrollen la fuerza moral de la gente. Por el contrario, creo que son las personas felices las que rebosan bondad. No tengo fe en los misántropos. (¡Hermosa palabra! La acabo de aprender.) ¿Verdad que no es usted un misántropo, Papaíto?
    Empecé a describirle el parque del colegio y me desvié. ¡Pero cómo me gustaría que viniese a visitarme y me dejase guiarlo y mostrarle los edificios!
    —Ahí está la biblioteca y aquélla es la usina de gas, Papaíto querido. El edificio gótico a la izquierda es el gimnasio, y el Tudor románico de al lado es la nueva enfermería.
    Soy muy buena cicerone y he hecho ese papel toda mi vida, cuando le mostraba el asilo a las visitas. Y hoy me he pasado todo el día haciéndolo aquí, en el colegio. De veras, Papaíto. ¡Y con un hombre!
    Fue una gran experiencia. En mi vida había hablado con ningún hombre excepto los síndicos, y ellos no cuentan. Perdóneme, Papaíto, no es mi intención ofenderlo cuando insulto a los síndicos. No creo que usted sea uno de ellos, sino diferente. Fue sólo por accidente que usted viniera a formar parte del Consejo de Síndicos. El verdadero síndico es gordo, pomposo y benevolente. Le acaricia a uno la cabeza y lleva reloj con cadena de oro.



    Esto parece un escarabajo de verano, pero quiere ser un retrato de cualquier síndico menos usted.
    Pero recapitulemos:
    Hoy estuve paseando y tomando el té con un hombre. Y un hombre muy superior, a saber: con el señor Jervis Pendleton, de la casa de Julia; en realidad, su tío, ¡un individuo alto como usted! Como había venido a la ciudad por negocios, se le ocurrió visitar a la sobrina. Es el hermano menor del padre de Julia, pero no la trata mucho. Parece que le echó una mirada cuando ella nació, decidió que no le gustaba y desde entonces no la tuvo en cuenta para nada.
    De todos modos, allí estaba, en la sala, muy correctamente vestido de sombrero, bastón y guantes. Y Julia y Sallie con clases de séptima hora a las que no podían faltar. De modo que Julia entró como una bala en mi cuarto a rogarme que le paseara al tío por el parque y se lo devolviese intacto al terminar la séptima hora. Por complacerla acepté, aunque sin ningún entusiasmo, ya que los Pendleton no me gustan nada.
    Pero resultó ser un encanto de persona, un verdadero ser humano y para nada un Pendleton. Lo pasamos a las mil maravillas. Me dejó loca de ganas de tener un tío. ¿Le molestaría hacer de cuenta que es usted mi tío? Creo que son parientes superiores a las abuelas.
    Y el señor Pendleton me hacía acordar de usted como era hace veinte años, Papaíto. Como verá, lo conozco íntimamente aunque nunca lo haya visto.
    Jervis es alto y más bien flaco, de piel oscura, llena de arruguitas, y tiene la sonrisa más cómica que se pueda usted imaginar, de ésas que nunca aparecen en la superficie sino que se producen en plieguecitos desde la comisura de los labios. Y desde el primer momento la hace sentir a una como si la hubiese conocido de toda la vida. Es muy sociable.
    Recorrimos todo el colegio, desde el vestíbulo hasta el campo de gimnasia. Por último me dijo que se sentía muy débil y tenía que tomar el té. Me propuso que fuéramos a la hostería, que queda a la salida del parque junto al camino de pinos. Le dije que debíamos volver a buscar a Julia y a Sallie, pero me contestó que no le gustaba que sus sobrinas tomaran mucho té porque las ponía nerviosas. De modo que nos escapamos y tomamos té con scones y mermelada, helado, torta, todo en una mesita preciosa en el balcón. La hostería por suerte estaba casi vacía, pues estamos a fin de mes y las mensualidades andan por el suelo.
    ¡Nos divertimos en grande! Pero en cuanto estuvimos de vuelta, Jervis se vio obligado a correr para alcanzar el tren y apenas si vio a la pobre Julia, que estaba furiosa conmigo por habérmelo llevado. Parece que se trata de un tío muy rico e importante. Sentí gran alivio al saber que era rico, ya que el té, con todos los aditamentos, había costado sesenta y cinco centavos por cabeza.
    Esta mañana (lunes) llegaron por expreso tres cajas de bombones para Julia, Sallie y yo. ¿Qué le parece, Papaíto? ¡Que la pobrecita Jerusha Abbott reciba bombones de un caballero!
    Me estoy empezando a sentir como una chica de verdad y no como una expósita. Me gustaría que un día de estos viniera a tomar el té, a ver si también usted me gusta. Aunque, si no llegara a gustarme, sería horrible. Pero estoy segura de que sí, que me va a gustar mucho.
    ¡Bueno! Mes compliments (saludos).
    Jamais je t´oublierai (Jamás te olvidaré).
    Judy

    P. D. Al mirarme en el espejo esta mañana descubrí un hoyuelo nuevo que no había visto antes. Es muy curioso. ¿De dónde cree que habrá salido?
     
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