Agua: el bien más preciado que tenemos

Tema en 'Naturaleza, ecología y medio ambiente' comenzado por Herodoto, 8/9/06.

  1. vega

    vega

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    Re: AGUA

    No hay nada que más me entristezca que esos (....) que pones, niñaescritoradecosasbonitas y es que me quedo con unas ganas de "escuchar" lo que dejas de contar que me pongo >>> :ojoslocos: no me dejes así, no seas cruel (vaya, ahora canto y todo :bailoteo: ), así que o aquí o en privado ya puedes ir contándome(nos) esas historias.

    Intenté conformarme y resignarme la primera vez, pero ahora insistiré aunque me ponga pesada.


    ¿Queréis agüita dulce?


    agua14fuentealhambra.jpg


    Con la ceguera azul
    de los que vuelven de alta mar
    llegue a Granada
    y la vi transparente
    peinada de sueños
    en su jardín de noches.

    Bebí sus destellos
    en las fuentes
    y conocí el licuado
    sexo de la nieve

    Respire sus sombras
    y llene mis pulmones
    para futuras alboradas

    Ahora que mi padre me reclama
    con lágrimas de arena
    me duele alejarme
    de su aroma.

    Granada... tendrá que venir mm a decir si la foto es la fuente de los chinos, de la cuesta de los chinos o de la cuesta entre la Alhambra y el Generalife.
    Espero pasear contigo (con quien se apunte más ¿verne?, y con mm si se porta bien (que lo dudo), griego querido tú andas muy cerquita, ya sabes.

    Te diré que aquí, en esta fuente, cogí yo ese no poder hablar que tengo ahora, que parece un castigo de Alah (ni un solo estornudo, ni uno :-? ).

    (....)
    y es que tú también me provocas :smile: y a este paso voy a tener que usar el comodín de los puntos suspensivos para no cansar.
    (....)

    Lo dicho, propongo una visita a Granada, a sus fuentes, su nieve y su mar.

    La culpa de lo de JRJ la tiene este Herodoto querido, si te vuelves a sentir "curiosona" :twisted: te recomiendo "petirrojo patinador" otro bonito mensaje para leer en esas mañanas en las que el suelo está lleno de pequeñas bolitas negras encantadoras :mrgreen: y no se puede salir.


    besos, vega
     
  2. maria abarca

    maria abarca Mi mundo verde

    Re: AGUA

    Hoy estuve en un lugar muy concurrido por nosotros en Santiago de Chile. Es el Parque O"Higgins". Dentro del cual hay una Laguna con gansos.
    Les dejo una imágen. Es muy bonita, pues se puede andar en botes.


     
  3. canned_heat

    canned_heat

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    Re: AGUA

    Nacimiento del río Asón, Cantabria

    [​IMG]

    saludos
     
  4. cihuri

    cihuri

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    Re: AGUA

    Nacimiento del Rio Revinuesa, en Soria

    revinuesa1.JPG

    A su paso a la altura de la Laguna Negra

    revinuesa.JPG
     
  5. cihuri

    cihuri

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    Re: AGUA

    Laguna Negra en Soria, no creo que nadie que la visite, y lo conozca, pueda dejar de pensar en este poema de Antonio Machado

    lagunanegra.JPG

    La tierra de Alvargonzález

    I
    Siendo mozo Alvargonzález,
    dueño de mediana hacienda,
    que en otras tierras se dice
    bienestar y aquí opulencia,
    en la feria de Berlanga
    prendóse de una doncella,
    y la tomó por mujer
    al año de conocerla.
    Muy ricas las bodas fueron,
    y quien las vio las recuerda:
    sonadas las tornabodas
    que hizo Alvar en su aldea;
    hubo gaitas, tamboriles,
    flauta, bandurria y vihuela,
    fuegos a la valenciana
    y danza a la aragonesa.

    II
    Feliz vivió Alvargonzález
    en el amor de su tierra.
    Naciéronle tres varones,
    que en el campo son riqueza,
    y, ya crecidos, los puso,
    uno a cultivar la huerta,
    otro a cuidar los merinos,
    y dio el menor a la iglesia.

    III
    Mucha sangre de Caín
    tiene la gente labriega,
    y en el hogar campesino
    armó la envidia pelea.
    Casáronse los mayores;
    tuvo Alvargonzález nueras,
    que le trajeron cizaña,
    antes que nietos le dieran.
    La codicia de los campos
    ve tras la muerte la herencia;
    no goza de lo que tiene
    por ansia de lo que espera.
    El menor, que a los latines
    prefería las doncellas
    hermosas y no gustaba
    de vestir por la cabeza,
    colgó la sotana un día
    y partió a lejanas tierras.
    La madre lloro, y el padre
    diole bendición y herencia.

    IV
    Alvargonzález ya tiene
    la adusta frente arrugada;
    por la barba le platea
    la sombra azul de la cara.

    Una mañana de otoño
    salió solo de su casa;
    no llevaba sus lebreles,
    agudos canes de caza;
    iba triste y pensativo
    por la alameda dorada;
    anduvo largo camino
    y llego a una fuente clara.
    Echóse en la tierra, puso
    sobre una piedra la manta,
    y a la vera de la fuente
    durmió al arrullo del agua.

    El sueño
    I
    Y Alvargonzález veía,
    como Jacob, una escala
    que iba de la tierra al cielo,
    y oyó una voz que le hablaba.
    Mas las hadas hilanderas,
    entre las vedijas blancas
    y vellones de oro, han puesto
    un mechón de negra lana.

    II
    Tres niños están jugando
    a la puerta de su casa;
    entre los mayores brinca
    un cuervo de negras alas.
    La mujer vigila, cose
    y, a ratos, sonríe y canta.
    —Hijos, ¿qué hacéis?—les pregunta.
    Ellos se miran y callan.
    —Subid al monte, hijos míos,
    y antes que la noche caiga,
    con un brazado de estepas
    hacedme una buena llama.

    III
    Sobre el lar de Alvargonzález
    está la leña apilada;
    el mayor quiere encenderla,
    pero no brota la llama.
    —Padre, la hoguera no prende,
    está la estepa mojada.
    Su hermano viene a ayudarle
    y arroja astillas y ramas
    sobre los troncos de roble;
    pero el rescoldo se apaga.
    Acude el menor y enciende,
    bajo la negra campana
    de la cocina, una hoguera
    que alumbra toda la casa.


    IV
    Alvargonzález levanta
    en brazos al más pequeño
    y en sus rodillas lo sienta:
    —Tus manos hacen el fuego;
    aunque el último naciste,
    tú eres en mi amor primero.
    Los dos mayores se alejan
    por los rincones del sueño.
    Entre los dos fugitivos
    reluce un hacha de hierro.

    Aquella tarde...
    I
    Sobre los campos desnudos,
    la luna llena manchada
    de un arrebol purpurino,
    enorme globo, asomaba.
    Los hijos de Alvargonzález
    silenciosos caminaban,
    y han visto al padre dormido
    junto de la fuente clara.

    II
    Tiene el padre entre las cejas
    un ceño que le aborrasca
    el rostro, un tachón sombrío
    como la huella de un hacha.
    Soñando está con sus hijos,
    que sus hijos lo apuñalan,
    y cuando despierta mira
    que es cierto lo que soñaba.

    III
    A la vera de la fuente
    quedó Alvargonzález muerto.
    Tiene cuatro puñaladas
    entre el costado y el pecho,
    por donde la sangre brota,
    más un hachazo en el cuello.
    Cuenta la hazaña del campo
    el agua clara corriendo,
    mientras los dos asesinos
    huyen hacia los hayedos.
    Hasta la Laguna Negra,
    bajo las fuentes del Duero,
    llevan el muerto, dejando
    detrás un rastro sangriento;
    y en la laguna sin fondo,
    que guarda bien los secretos,
    con una piedra amarrada
    a los pies, tumba le dieron.


    IV
    Se encontró junto a la fuente
    la manta de Alvargonzález,
    y camino del hayedo,
    se vio un reguero de sangre.
    Nadie de la aldea ha osado
    a la laguna acercarse,
    y el sondarla inútil fuera,
    que es la laguna insondable.
    Un buhonero que cruzaba
    aquellas tierras errante,
    fue en Dauria acusado, preso
    y muerto en garrote infame.

    V
    Pasados algunos meses,
    la madre murió de pena.
    Los que muerta la encontraron
    dicen que las manos yertas
    sobre su rostro tenía,
    oculto el rostro con ellas.

    VI
    Los hijos de Alvargonzález
    ya tienen majada y huerta,
    campos de trigo y centeno
    y prados de fina hierba;
    en el olmo viejo, hendido
    por el rayo, la colmena,
    dos yuntas para el arado,
    un mastín y mil ovejas.

    Otros días
    I
    Ya están las zarzas floridas
    y los ciruelos blanquean;
    ya las abejas doradas
    liban para sus colmenas,
    y en los nidos, que coronan
    las torres de las iglesias,
    asoman los garabatos
    ganchudos de las cigüeñas.
    Ya los olmos del camino
    y chopos de las riberas
    de los arroyos, que buscan
    al padre Duero, verdean.
    El cielo está azul, los montes
    sin nieve son de violeta.
    La tierra de Alvargonzález se
    colmará de riqueza;
    muerto está quien la ha labrado,
    mas no le cubre la tierra.

    II
    La hermosa tierra de España,
    adusta, fina y guerrera
    Castilla, de largos ríos,
    tiene un puñado de sierras
    entre Soria y Burgos como
    reductos de fortaleza,
    como yelmos crestonados,
    y Urbión es una cimera.

    III
    Los hijos de Alvargonzález,
    por una empinada senda,
    para tomar el camino
    de Salduero a Covaleda,
    cabalgan en pardas mulas,
    bajo el pinar de Vinuesa.
    Van en busca de ganado
    con que volver, a su aldea,
    y por tierra de pinares
    larga jornada comienzan.
    Van Duero arriba, dejando
    atrás los arcos de piedra
    del puente y el caserío
    de la ociosa y opulenta
    villa de indianos. El río,
    al fondo del valle, suena,
    y de las cabalgaduras
    los cascos baten las piedras.
    A la otra orilla del Duero
    canta una voz lastimera:
    «La tierra de Alvargonzález
    se colmará de riqueza,
    y el que la tierra ha labrado
    no duerme bajo la tierra.»

    IV
    Llegados son a un paraje
    en donde el pinar se espesa,
    y el mayor, que abre la marcha,
    su parda mula espolea,
    diciendo: —Démonos prisa;
    porque son más de dos leguas
    de pinar y hay que apurarlas
    antes que la noche venga.
    Dos hijos del campo, hechos
    a quebradas y asperezas,
    porque recuerdan un día
    la tarde en el monte tiemblan.
    Allá en lo espeso del bosque
    otra vez la copla suena:
    «La tierra de Alvargonzález
    se colmará de riqueza,
    y el que la tierra ha labrado
    no duerme bajo la tierra.»

    V
    Desde Salduero el camino
    va al hilo de la ribera;
    a ambas márgenes del río
    el pinar crece y se eleva,
    y las rocas se aborrascan,
    al par que el valle se estrecha.
    Los fuertes pinos del bosque,
    con sus copas gigantescas
    y sus desnudas raíces
    amarradas a las piedras;
    los de troncos plateados
    cuyas frondas azulean,
    pinos jóvenes; los viejos
    cubiertos de blanca lepra,
    musgos y líquenes canos
    que el grueso tronco rodean,
    colman el valle y se pierden
    rebasando ambas laderas.
    Juan, el mayor, dice:—Hermano,
    si Blas Antonio apacienta
    cerca de Urbión su vacada,
    largo camino nos queda.
    —Cuanto hacia Urbión alarguemos
    se puede acortar de vuelta,
    tomando por el atajo,
    hacia la Laguna Negra,
    y bajando por el puerto
    de Santa Inés a Vinuesa.
    —Mala tierra y peor camino.
    Te juro que no quisiera
    verlos otra vez. Cerremos
    los tratos en Covaleda;
    hagamos noche y, al alba,
    volvámonos a la aldea
    por este valle, que, a veces,
    quien piensa atajar rodea.
    Cerca del río cabalgan
    los hermanos, y contemplan
    cómo el bosque centenario,
    al par que avanzan, aumenta,
    y los peñascos del monte
    el horizonte les cierran.
    El agua que va saltando,
    parece que canta o cuenta;
    «La tierra de Alvargonzález
    se colmará de riqueza,
    y el que la tierra ha labrado
    no duerme bajo la tierra.»


    Castigo
    I
    Aunque la codicia tiene
    redil que encierre la oveja,
    trojes que guardan el trigo,
    bolsas para la moneda,
    y ,garras, no tiene manos
    que sepan labrar la tierra.
    Así, a un año de abundancia
    siguió un año de pobreza.

    II
    En los sembrados crecieron
    las amapolas sangrientas;
    pudrió el tizón las espigas
    de trigales y de avenas;
    hielos tardíos mataron
    en flor la fruta en la huerta,
    y una mala hechicería
    hizo enfermar las ovejas.
    A los dos Alvargonzález
    maldijo Dios en sus tierras,
    y al año pobre siguieron
    luengos años de miseria.

    III
    Es una noche de invierno.
    Cae la nieve en remolinos.
    Los Alvargonzález velan
    un fuego casi extinguido.
    El pensamiento amarrado
    tienen a un recuerdo mismo,
    y en las ascuas mortecinas
    del hogar los ojos fijos.
    No tienen leña ni sueño.
    Larga es la noche y el frío
    mucho. Un candilejo humea
    en el muro ennegrecido.
    El aire agita la llama,
    que pone un fulgor rojizo
    sobre entrambas pensativas
    testas de los asesinos.
    El mayor de Alvargonzález,
    lanzando un ronco suspiro,
    rompe el silencio, exclamando:
    —Hermano, ¡qué mal hicimos!
    El viento la puerta bate,
    hace temblar el postigo,
    y suena en la chimenea
    con hueco y largo bramido.
    Después el silencio vuelve,
    y a intervalos el pabilo
    del candil chisporrotea
    en el aire aterecido.
    El segundo dijo: —¡Hermano,
    demos lo viejo al olvido!


    El viajero
    I
    Es una noche de invierno.
    Azota el viento las ramas
    de los álamos. La nieve
    ha puesto la tierra blanca.
    Bajo la nevada, un hombre
    por el camino cabalga;
    va cubierto hasta los ojos,
    embozado en negra capa.
    Entrado en la aldea, busca
    de Alvargonzález la casa,
    y ante su puerta llegado,
    sin echar pie a tierra, llama.

    II
    Los dos hermanos oyeron
    una aldaba a la puerta,
    y de una cabalgadura
    los cascos sobre las piedras.
    Ambos los ojos alzaron
    llenos de espanto y sorpresa.
    —¿Quién es?, responda—gritaron.
    —Miguel—respondieron fuera.
    Era la voz del viajero
    que partió a lejanas tierras.

    III
    Abierto el portón, entróse
    a caballo el caballero
    y echó pie a tierra. Venía
    todo de nieve cubierto.
    En brazos de sus hermanos
    lloro algún rato en silencio.
    Después dio el caballo al uno,
    al otro capa y sombrero,
    y en la estancia campesina
    busco el arrimo del fuego.


    IV
    El menor de los hermanos,
    que niño y aventurero
    fue más allá de los mares
    y hoy torna indiano opulento,
    vestía con negro traje
    de peludo terciopelo,
    ajustado a la cintura
    por ancho cinto de cuero.
    Gruesa cadena formaba
    un bucle de oro en su pecho.
    Era un hombre alto y robusto,
    con ojos grandes y negros
    llenos de melancolía;
    la tez, de color moreno,
    y sobre la frente comba
    enmarañados cabellos;
    el hijo que saca porte
    señor de padre labriego,
    a quien fortuna le debe
    amor, poder y dinero.
    De los tres Alvargonzález
    era Miguel el más bello;
    porque al mayor afeaba
    el muy poblado entrecejo
    bajo la frente mezquina;
    y al segundo, los inquietos
    ojos que mirar no saben
    de frente, torvos y fieros.


    V
    Los tres hermanos contemplan
    el triste hogar en silencio;
    y con la noche cerrada
    arrecia el frío y el viento.
    —Hermanos, ¿no tenéis leña?
    —dice Miguel.
    —No tenemos
    —responde el mayor.
    Un hombre,
    milagrosamente, ha abierto
    la gruesa puerta cerrada
    con doble barra de hierro.
    El hombre que ha entrado tiene
    el rostro del padre muerto.
    Un halo de luz dorada
    orla sus blancos cabellos.
    Lleva un haz de leña al hombro
    y empuña un hacha de hierro.


    El Indiano
    De aquellos campos malditos,
    Miguel a sus dos hermanos
    compró una parte, que mucho
    caudal de América trajo,
    y aun en tierra mala, el oro
    luce mejor que enterrado,
    y más en mano de pobres
    que oculto en orza de barro.
    Diose a trabajar la tierra
    con fe y tesón el indiano,
    y a laborar los mayores
    sus pegujales tornaron.
    Ya con macizas espigas,
    preñadas de rubios granos,
    a los campos de Miguel
    tornó el fecundo verano;
    y ya de aldea en aldea
    se cuenta como un milagro
    que los asesinos tienen
    la maldición en sus campos.
    Ya el pueblo canta una copla
    que narra el crimen pasado:
    «A la orilla de la fuente
    lo asesinaron.
    ¡Qué mala muerte le dieron
    los hijos malos!
    En la laguna sin fondo
    al padre muerto arrojaron.
    No duerme bajo la tierra
    el que la tierra ha labrado.»

    II
    Miguel, con sus dos lebreles
    y armado de su escopeta,
    hacia el azul de los montes,
    en una tarde serena,
    caminaba entre los verdes
    chopos de la carretera,
    y oyó una voz que cantaba:
    «No tiene tumba en la tierra.
    entre los pinos del valle
    del Revinuesa,
    al padre muerto llevaron
    hasta la Laguna Negra».

    La casa
    I
    La casa de Alvargonzález
    era una casona vieja,
    con cuatro estrechas ventanas,
    separada de la aldea
    cien pasos y entre dos olmos
    que, gigantes centinelas,
    sombra le dan en verano
    y en el otoño hojas secas.
    Es casa de labradores,
    gente, aunque rica, plebeya,
    donde el hogar humeante
    con sus escaños de piedra
    se ve sin entrar, si tiene
    abierta al campo la puerta.
    Al arrimo del rescoldo
    del hogar borbollonean
    dos pucherillos de barro,
    que a dos familias sustentan.
    A diestra mano, la cuadra
    y el corral; a la siniestra,
    huerto y abejar, y al fondo,
    una gastada escalera,
    que va a las habitaciones
    partidas en dos viviendas.
    Los Alvargonzález moran
    con sus mujeres en ellas.
    A ambas parejas, que hubieron,
    sin que lograrse pudieran,
    dos hijos, sobrado espacio
    les da la casa paterna.
    En una estancia que tiene
    luz al huerto, hay una mesa
    con gruesa tabla de roble,
    dos sillones de vaqueta,
    colgado en el muro un negro
    ábaco de enormes cuentas,
    y unas espuelas mohosas
    sobre un arcón de madera.
    Era una estancia olvidada
    donde hoy Miguel se aposenta.
    Y era allí donde los padres
    veían en primavera
    el huerto en flor, y en el cielo
    de mayo, azul, la cigüeña
    —cuando las rosas se abren
    y los zarzales blanquean—
    que enseñaba a sus hijuelos
    a usar de las alas lentas.
    Y en las noches del verano,
    cuando la calor desvela,
    desde la ventana al dulce
    ruiseñor cantar oyeran.
    Fue allí donde Alvargonzález,
    del orgullo de su huerta
    y del amor de los suyos,
    sacó sueños de grandeza.
    Cuando en brazos de la madre
    vio la figura risueña
    del primer hijo, bruñida
    de rubio sol la cabeza
    del niño que levantaba
    las codiciosas, pequeñas
    manos a las rojas guindas
    y a las moradas ciruelas,
    o aquella tarde de otoño
    dorada, plácida y buena,
    él pensó que ser podría
    feliz el hombre en la tierra.
    Hoy canta el pueblo una copla
    que va de aldea en aldea:
    «¡Oh casa de Alvargonzález,
    qué malos días te esperan;
    casa de los asesinos,
    que nadie llame a tu puerta!»

    II
    Es una tarde de otoño.
    En la alameda dorada
    no quedan ya ruiseñores;
    enmudeció la cigarra.
    Las últimas golondrinas
    que no emprendieron la marcha,
    morirán, y las cigüeñas,
    de sus nidos de retamas
    en torres y campanarios,
    huyeron.
    Sobre la casa
    de Alvargonzález, los olmos
    sus hojas, que el viento arranca,
    van dejando. Todavía
    las tres redondas acacias,
    en el atrio de la iglesia,
    conservan verdes sus ramas,
    y las castañas de Indias
    a intervalos se desgajan
    cubiertas de sus erizos;
    tiene el rosal rosas grana
    otra vez, y en las praderas
    brilla la alegre otoñada.
    En laderas y en alcores,
    en ribazos y en cañadas,
    el verde nuevo y la hierba,
    aun del estío quemada,
    alternan; los serrijones
    pelados, las lomas calvas,
    se coronan de plomizas
    nubes apelotonadas;
    y bajo el pinar gigante,
    entre las marchitas zarzas
    y amarillentos helechos,
    corren las crecidas aguas
    a engrosar el padre río
    por canchales y barrancas.
    Abunda en la tierra un gris
    de plomo y azul de plata,
    con manchas de roja herrumbre,
    todo envuelto en luz violada.
    ¡Oh tierras de Alvargonzález,
    en el corazón de España,
    tierras pobres, tierras tristes,
    tan tristes que tienen alma!
    Páramo que cruza el lobo
    aullando a la luna clara
    de bosque a bosque, baldíos
    llenos de peñas rodadas,
    donde roída de buitres
    brilla una osamenta blanca;
    pobres campos solitarios
    sin caminos ni posadas,
    ¡oh pobres campos malditos,
    pobres campos de mi patria!


    La tierra
    I
    Una mañana de otoño,
    Juan y el indiano aparejan
    las dos yuntas de la casa.
    Martín se quedó en el huerto
    arrancando hierbas malas.

    II
    Una mañana de otoño,
    cuando los campos se aran,
    sobre un otero, que tiene
    el cielo de la mañana
    por fondo, la parda yunta
    de Juan lentamente avanza.
    Cardos, lampazos y abrojos,
    avena loca y cizaña
    llenan la tierra maldita,
    tenaz a pico y escarda.
    Del corvo arado de roble
    la hundida reja trabaja
    con vano esfuerzo; parece
    que al par que hiende la entraña
    del campo y hace camino,
    se cierra otra vez la zanja.
    “Cuando el asesino labre
    será su labor pesada;
    antes que un surco en la tierra,
    tendrá una arruga en la cara”.

    III
    Martín, que estaba en la huerta
    cavando, sobre su azada
    quedó apoyado un momento;
    frío sudor le bañaba
    el rostro.
    Por el oriente,
    la luna llena, manchada
    de un arrebol purpurino,
    lucía tras de la tapia
    del huerto.
    Martín tenía
    la sangre de horror helada.
    La azada que hundió en la tierra
    teñida de sangre estaba.

    IV
    En la tierra en que ha nacido
    supo afincar el indiano;
    por mujer a una doncella
    rica y hermosa ha tomado.
    La hacienda de Alvargonzález
    ya es suya, que sus hermanos
    todo le vendieron: casa,
    huerto, colmenar y campo.

    Los asesinos
    I
    Juan y Martín, los mayores
    de Alvargonzález, un día
    pesada marcha emprendieron
    con el alba, Duero arriba.
    La estrella de la mañana
    en el alto azul ardía.
    Se iba tiñendo de rosa
    la espesa y blanca neblina
    de los valles y barrancos,
    y algunas nubes plomizas
    a Urbión, donde el Duero nace,
    como un turbante ponían.
    Se acercaban a la fuente.
    El agua clara corría,
    sonando cual si contara
    una vieja historia dicha
    mil veces y que tuviera
    mil veces que repetirla.
    Agua que corre en el campo
    dice en su monotonía:
    «Yo sé el crimen; ¿no es un crimen,
    cerca del agua, la vida?»
    Al pasar los dos hermanos
    relataba el agua limpia:
    «A la vera de la fuente
    Alvargonzález dormía.»

    II
    —Anoche, cuando volvía
    a casa—Juan a su hermano
    dijo—, a la luz de la luna
    era la huerta un milagro.
    Lejos, entre los rosales,
    divisé un hombre inclinado
    hacia la tierra; brillaba
    una hoz de plata en su mano.
    Después irguióse y, volviendo
    el rostro, dio algunos pasos
    por el huerto, sin mirarme,
    y a poco lo vi encorvado
    otra vez sobre la tierra.
    Tenía el cabello blanco.
    La luna llena brillaba,
    y era la huerta un milagro.

    III
    Pasado habían el puerto
    de Santa Inés, ya mediada
    la tarde, una tarde triste
    de noviembre, fría y parda.
    Hacia la Laguna Negra
    silenciosos caminaban.

    IV
    Cuando la tarde caía,
    entre las vetustas hayas
    y los pinos centenarios,
    un rojo sol se filtraba.
    Era un paraje de bosque
    y peñas aborrascadas;
    aquí bocas que bostezan
    o monstruos de fieras garras;
    allí una informe joroba,
    allá una grotesca panza,
    torvos hocicos de fieras
    y dentaduras melladas,
    rocas y rocas, y troncos
    y troncos, ramas y ramas.
    En el hondón del barranco,
    la noche, el miedo y el agua.

    V
    Un lobo surgió; sus ojos
    lucían como dos ascuas.
    Era la noche, una noche
    húmeda, oscura y cerrada.
    Los dos hermanos quisieron
    volver. La selva ululaba.
    Cien ojos fieros ardían
    en la selva, a sus espaldas.

    VI
    Llegaron los asesinos
    hasta la Laguna Negra,
    agua transparente y muda
    que enorme muro de piedra,
    donde los buitres anidan
    y el eco duerme, rodea;
    agua clara donde beben
    las águilas de la sierra,
    donde el jabalí del monte
    y el ciervo y el corzo abrevan;
    agua pura y silenciosa
    que copia cosas eternas;
    agua impasible que guarda
    en su seno las estrellas.
    —¡Padre! —gritaron; al fondo
    de la laguna serena
    cayeron, y el eco, ¡padre!
    repitió de peña en peña.
     
  6. loreto

    loreto

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    Pirineo Aragones
    Re: AGUA

    Que fotos tan bonitas y es que el agua a mogollon ,es una preciosidad,aunque a veces nos dé algun susto,la intentamos domar pero cuando dice alla voy...vá.
    En septiembre ,tuvimos un sustico en Canfranc ,bajó la Guardia Civil para que no nos acercaramos al rio,tuvieron que abrir la presa De Canfranc Estacion ,porque yá saltaba por encima,estabamos todos los vecinos camara en ristre,era impresionante,sobre todo el ruido que hacian las piedras movidas por la riada

    000_0020 foro.jpg 0018 foro.jpg

    Aqui,mi amigo,no le gusta nada bañarse ,pero es tan bueno :beso: que lo convenzo,él no sé si goza ,yo mucho,luego le doy un premio.

    Por el agua 1.jpg Por el agua 2.jpg Por el agua 3.jpg

    Besicos
     
  7. Re: AGUA

    Cihuri: La poesía de A. Machado me gustó mucho, y realmente la laguna de la foto parece el escenario para la historia que cuenta.
    Te acuerdas de:

    "...Vibraba el aire asordado
    por los élitros cantores que hacen el campo sonoro,
    cual si estuviera sembrado
    de campanitas de oro.

    El el azul fulguraba
    un lucero diamantino.
    Cálido viento soplaba,
    alborotando el camino..."



    Hasta siempre, Abuelena:happy:
     
  8. cihuri

    cihuri

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    Re: AGUA

    Realmente Machado, te pone la carne de gallina... ;)

    Preciosa ¿charca o lago? Abuelena :happy:
     
  9. Re: AGUA

    Muy Hermosas la fotos y los poemas...Pero lo más bonito es que nos juntemos de todas partes del mundo, a compartir cosas simples y cada uno muestre algo de su patria... [COLOR="Magenta[B]"]" Es tan linda la naturaleza "[/[/B]COLOR]
    :eyey: [U]¡¡¡Cuidémosla!!![/U]
    Aqui les mando una foto de un braso de Enbalse de Calamuchita, provincia de Córdoba. [Argentina] y un saludo para todos:94-bienvenida:
    [​IMG]
     
  10. Re: AGUA

    [​IMG]Dique los Molinos [Córdoba]
     
  11. cihuri

    cihuri

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    Re: AGUA

    Preciosa imagen normalujan bienvenida por aquí...
     
  12. Re: AGUA

    Gracias cuhiri, me encanta esta pajina.:5-okey: Hay mucha gente linda:happy: Nos hacemos la idea que viajamos por el mundo ¿ NO?
     
  13. cihuri

    cihuri

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    Re: AGUA

    Así es..., sin movernos de la silla... ;)
     
  14. Re: AGUA

    Loreto: qué suerte poder pasear así con tu amigo. La riada es impresionante. Sabías que en los lugares que muestra normaluján (provincia de Córdoba) también se producen crecidas súbitas y muy peligrosas, que le han costado la vida a turistas que estaban durmiendo en carpas? Ahora las autoridades tratan de avisar y prevenir accidentes.

    Cihuri: Charca o lago? Tuve que buscar la definición de ambas palabras en el diccionario, para que nos pongamos de acuerdo. Son lagos poco profundos que contienen agua dulce proveniente de lluvia o de inundaciones anteriores del río Paraná y aquí las llamamos lagunas. El terreno no es parejo, y el agua ha llenado las depresiones. Cuando llueve mucho, ya sea en esta zona o en el Pantanal (Brasil), viene mucha agua y las cosas se ponen bravas. Cariños, Abuelena:happy:
     
  15. cihuri

    cihuri

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    Re: AGUA

    Gracias Abuelena, aquí van por tamaños :11risotada:

    Charca, "recipiente" más o menos pequeño, dónde se recogen las aguas de lluvia, pueden ser artificiales, aprovechando desniveles del terreno, para que el ganado abreve..., o naturales
    Laguna, "recipiente" mayor que la charca y menor que el lago, suele haber algún manantial que la aprovisiona de agua, no dependen tanto de la lluvia.
    Lago, "extensión" mayor que la laguna. (no me preguntes de dónde sale el agua) :smile: