Enfermedad del Amarilleamiento letal en palmeras

Tema en 'Hongos en palmeras y fungicidas' comenzado por (No registrado), 10/3/04.

  1. (No registrado)

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    Quisiera saber si alguien ha tenido noticias de que alguna palmera de la Peninsula Ibérica ha sido infectada por este fitoplasma originario del Caribe. Se rumorea que a partir de 1992, y a consecuencia de la Expo de Sevilla se introdujeron en España muchas palmeras procedentes del Caribe sin pasar la cuarentena. En la zona de Alicante he podido constatar la muerte súbita de varias palmeras de más de 50 años. Desde que aparecen los síntomas hasta que muere la palmera transcurren tan sólo unos 30-40 días.

    Un saludo.
     
  2. Sehnsucht

    Sehnsucht

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    Hola correas, tu curiosidad me llevó a querer saber más al respecto y aqui tengo los siguientes resultados de mi busqueda.
    El Amarillamiento Letal y los países cocoteros del caribe
    ¿Quién podría imaginarse las costas caribeñas sin la presencia de la imponente palma de coco? ¿De un fruto tan importante para la alimentación, economía y la belleza de nuestras comunidades?
    Hoy este fruto es víctima de la mayor y más destructiva plaga que ha sufrido durante toda la historia, llamada Amarillamiento Letal del cocotero. Esta plaga es producida por un microorganismo fitoplásmico (Mycoplasm-Like organism) y trasmitida por un insecto chupador saltahojas conocido comúnmente como chicharrita, la cual mata el árbol lentamente en un periodo de 4 a 6 meses después de su contagio, y hasta ahora se desconoce cura química u orgánica alguna. Las Características propias de los fitoplasmas, tales como la falta de pared celular y su imposibilidad de cultivarlos in vitro, dificultan los intentos de purificación, caracterización taxonómica y diagnóstico. Este vector puede dispersarse por el viento o con el movimiento de grama ornamental infectada con chicharritas y utilizada para cubiertas de suelo en plantaciones de palmera.
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    Sintomas de amarillamiento letal en cocotero : amarillamiento y muerte de hojas bajeras y emergencia de inflorescencias.
    El Amarillamiento Letal (AL) es una enfermedad que afecta por lo menos 30 especies de palma, incluyendo los cocoteros. Las palmas suceptibles mueren rápidamente desde la aparición de los primeros síntomas visuales. La epidemia del AL está presente en las superficies sembradas con millones de palmas en la costa de Caribe y del Atlántico, y los países Centro y Sudamericanos se encuentran en riesgo, debido a que la variedad más común del coco es altamente susceptible al Amarillamiento Letal.
    Esta plaga fue detectada hace más de cuarenta años y varios países ya han tenido experiencias desastrosas con este problema. En algunos lugares del caribe como Aruba, Haití y Jamaica esta enfermedad destruyó grandes plantaciones de cocoteros, generando cuantiosas pérdidas económicas. Hasta el momento lo único que se puede hacer es cortar el árbol afectado y sembrar otro que sea resistente a esta enfermedad. Actualmente hay aproximadamente 20 a 25 variedades resistentes, entre cocos altos y enanos, debiéndose escoger una variedad que pueda brindar más rendimiento por hectárea de terreno sembrada. Países asiáticos como Filipinas y Malasia, son líderes en la producción de coco, sobre todo en lo que respecta a bagazo y carne de coco.
    Estudios sugieren que las palmas de coco en las Costas del Pacífico de América muestran un nivel efectivo y natural de resistencia, debido a que tienen relaciones cercanas con las variedades del Sureste Asiático, en comparación con las variedades del Caribe y de la Costas del Atlántico.
    Cuando la enfermedad estuvo activa en Jamaica y Florida en las décadas de 1960 y 70, fue creado el Concilio Internacional del Amarillamiento Letal (ICLY). Este fue apoyado por la FAO; la Junta Industrial del Coco de Jamaica; la Administración a Ultramar del Reino Unido; la Universidad de Florida; y la Sociedad Internacional de la Palma, entre otros.
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    La enfermedad se empezó a extender a México en los tempranos 1980s, pero en ese entonces no se tomó en serio como una amenaza regional. Al final de la década de los 90s el Amarillamiento Letal es ya una enfermedad epidemiológica en diferentes partes de México, Belice y Honduras, y aún no se ha hecho nada para detener su desplazamiento hacia otras partes de América. La posibilidad que el fitoplasma podría asociarse con las enfermedades de otras plantas, como el dátil o la caña de azúcar, está en investigación.
    En algunas de las islas del Caribe como Jamaica, la enfermedad no es ya una epidemia debido a que se aplicaron estrategias de control, replantando los cocotales con variedades e híbridos que han probado ser resistentes a la plaga. Enfermedades con epidemiología de fitoplasmas también ocurren en el Oeste y Oriente de Africa.
    El Amarillamiento Letal del cocotero es una enfermedad cuyos síntomas en la planta se pueden observar por el color amarillento que adquiere, posteriormente los frutos y ramas van cayendo, hasta quedar sólo el tronco. De acuerdo a los registros históricos esa enfermedad ingresó a la zona centroamericana empezando por Honduras, mediante una importación de grama de Estados Unidos a la caribeña isla de Roatán.
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    La decadencia de las palmas, en especial los cocoteros
    Aqui están dos direcciones que encontré y me parecen muy interesantes para conocer mejor esta enfermedad de las palmeras.
    Gracias correas, por insentivar a mi curiosidad, yo espero que en esa cuidad tan bonita de España asi como en mi bello Caribe se encuentre una pronta solución a éste caos patológico de las palmeras.
    Besos y abrazos :besogrande:

    http://rds.org.hn/docs/listas/cocos/enfermedad_cocotero.html
    http://www.cicy.mx/dir_acad/cicly/main-esp.html
     
  3. MONICA GIRALDEZ

    MONICA GIRALDEZ

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    amarillamiento letal

    Gracias Paola , que buena explicacion , todos los dias se aprende algo nuevo y ahora voy a estar atenta antes de comprar una palmera. :veneracion: :palmas:
     
  4. ÁRCHON

    ÁRCHON

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    como afecto a la vida de las personas la muerte amarilla

    Muerte amarilla

    En la costa del Atlántico, los cocoteros altos han comenzado a desaparecer. El Huracán Mitch trajo más desgracia de la imaginada: el amarillamiento letal, que aniquila esta especie de palmas.

    Por: Gabriela Barrios
    Fotografía: Carlos Sebastián

    Recostado en una hamaca, esperando que suba la marea, Gerardo Ba asegura que en Punta de Palma la vida ya no será la misma. Antes, al amanecer salía a pescar jaiba, camarón y pescado. Luego, buscaba plátanos maduros en una mata de su patio. Dejaba para el final el paso más emocionante: treparse a una de las muchas palmeras altas de la playa, con el machete al cinto, mientras sus seis hijos esperaban abajo que los cocos cayeran. Así Delia Candelaria, su esposa, tenía lo necesario para preparar un “tapado”. Evelyn Magaly, de siete años, y Nelson Omar, de cinco, observaban ansiosos cómo su madre partía los cocos por la mitad y les sacaba la carne. El cascarón era para ellos. Solían jugar de barcos en la orilla del mar.

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    Margarita Sánchez es una de muchas mujeres que vende pan de coco y bocadillo en el muelle de Livingston. Asegura que cada vez es más difícil conseguir el coco criollo, único por su sabor.

    Todo cambió. Gerardo aún no se explica lo que sucedió. Los cocos empezaron a caer al suelo, incluso los más tiernos, podridos por dentro. Las hojas de las palmeras se tiñeron de amarillo, hasta secarse por completo. Hoy, en la playa quedan sólo troncos, como postes, y palmas que están muriendo a causa de la enfermedad conocida como “Amarillamiento letal del coco”, la misma que ha arrasado con la mayor parte del cocotero alto en Jamaica, México, Belice y Honduras.

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    Una chicharra pálida y minúscula cuyo nombre científico es Myndus crudus transmite la enfermedad inyectando el veneno a la palma. La plaga apareció en México en 1982 y diez años más tarde exterminó al 95 por ciento de los cocoteros altos de Belice. En 1996 llegó a Honduras por La Ceiba y se esparció hasta Puerto Cortés. El huracán Mitch, en 1998, se encargó de traer la enfermedad a Guatemala.

    Tras las primeras señales de alerta, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación, MAGA, junto al Instituto Iberoamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, efectuaron en noviembre del año pasado el primer monitoreo en la costas guatemaltecas.

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    Si bien el litoral Pacífico se encuentra libre de la plaga, el amarillamiento se ha ensañado en contra de los cocoteros altos del Atlántico, en donde los pobladores dependen económica y culturalmente del coco. Por su sabor y cualidades, éste es indispensable para fabricar aceite, pan, bocadillo y más de cincuenta comidas que son parte de la cultura garífuna. Los cocoteros sirven además como protección y material de construcción para los pobladores de Izabal.

    Irónicamente, en Punta de Manabique, Punta Cocolí, Livingston, Baltimore y Punta de Palma, la tierra del coco, las palmeras se están muriendo y sus frutos son cada vez más escasos.

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    Paisaje en decadencia

    Montado en “Tornado”, su lancha de pasajeros, Lorenzo Choc recorre a diario el litoral Atlántico. Vive en Livingston, aunque sus raíces son q´eqch´ies. Hace más o menos un año, este lanchero y sus colegas del muelle de Puerto Barrios empezaron a notar el cambio en la vegetación. “Al principio creímos que era el gorgojo que siempre ha molestado a las palmas”, recuerda Choc. “Pero esta enfermedad sí ha hecho matazón de cocos. Ahora pasa uno y donde quiera se ven las palmeras muertas”.

    El mes pasado, Choc llevó a unos turistas a los Cayos de Belice y constató el deterioro de la zona. “Todos preguntaban ¿qué les pasó a los árboles?”, recuerda. “Da miedo que aquí la cosa se ponga así. En Belice ya no queda ni un coco alto”.

    Los temores de Choc no están alejados de la realidad. Según un estudio realizado en 1999, el 95 por ciento de las palmas de coco de Corozal, Paseo de la Naranja, Distrito de Belice, Cala de Stann y el pueblo de Dangriga, han muerto a causa del amarillamiento letal.

    Durante el monitoreo que el MAGA realizó a finales del año pasado, a través de un muestreo efectuado por la unidad fitozoosanitaria, apenas un 16 por ciento de los cocoteros altos del Atlántico había contraído la enfermedad. “Hemos podido determinar qué región se encuentra infectada”, explica Pablo Girón, director del área. “Sabemos que el Pacífico está libre de contagio y estamos contemplando acciones para evitar que siga propagándose”. Sin embargo, quienes viven en la región comprueban que cada día se enferman más cocoteros.

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    Gerardo Ba y su familia viven en Punta de Palma, donde los cocoteros mueren día tras día.

    Buena cara

    Adelante de Punta Palma, antes de llegar a Livingston, está la finca Baltimore, que hasta el año pasado se dedicaba al cultivo del “coco criollo”, como le llaman a la especie alta. Surtían a Puerto Barrios y su mayor comprador era una fábrica de Chiquimula, especializada en la conserva de coco.

    Tenían sembradas diez mil palmas. Actualmente quedan solamente 150 y a diario muere alguna. Hasta el año pasado, producían entre 10 y 15 mil cocos criollos quincenalmente. Su última entrega fue de cuatro mil cocos y ahora deberán esperar dos meses más para volver a reunir una cantidad que valga la pena, si es que para entonces aún les queda alguna palma con vida.

    “Aquí la enfermedad nos ha invadido”, explica José Miguel Contreras, quien trabaja como administrador de la finca desde 1984. “Tratamos de detenerla, pero todo fue inútil”.

    Contreras dice que cuando los cocoteros comenzaron a “botar la carga”, el primer síntoma del amarillamiento, pidieron asesoría al MAGA. Por medio de un técnico agrónomo, aplicaron el antibiótico tetraciclina a un número de palmas, pero el tratamiento no tuvo éxito.

    “Se ha comprobado que esa medicina es efectiva para combatir la enfermedad”, explica Mario López, quien trabaja en el área de vigilancia epidemiológica fitosanitaria del MAGA. “Sin embargo, el costo es muy alto. Se aplican 20 centímetros cúbicos de tetraciclina cada seis meses, aproximadamente doce dólares por árbol al año”.

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    También intentaron alimentar a las palmas para que resistieran a la enfermedad. Pero un quintal de abono triple 15, cuyo precio es de Q90, alcanzó para una sola aplicación en cinco cocoteros. Los conocedores del tema aseguran que fortalecer a la palma puede retrasar el deterioro, pero una vez se ha contagiado, el daño es irreversible.

    Los inconvenientes del tratamiento no se limitan al precio. Durante el tiempo que se aplica el antibiótico, no es recomendable consumir los frutos, ya que la sustancia se encuentra en el agua y al beberla, se podría generar resistencia a la tetraciclina. “El tratamiento le sirve a los hoteles, que utilizan los cocoteros altos con fines ornamentales”, añade López.

    Por todo ello, en la finca Baltimore prefirieron resignarse y ponerle buena cara al mal tiempo. Cada árbol muerto es derribado y con esa madera han comenzado a construir una barrera en la playa para detener el mar. En la tierra que quedó vacía, sembraron mamey, limón persa y naranjas, y las primeras cosechas han sido alentadoras.

    “Dios nunca nos desampara”, afirma Contreras, un fiel cristiano de la iglesia “El Redentor”. “La naturaleza es así. A veces llega el tiempo de escasez y no nos queda más que pedirle al Señor. El sabrá cómo nos tiende la mano”.

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    Medida urgente

    Adelantándose a las medidas que ha tomado el MAGA, Contreras se las ha ingeniado para crear su propio semillero, con especies resistentes al amarillamiento, una medida que en Honduras, gestó la creación del Programa Nacional del Coco.

    La Secretaría de Agricultura hondureña promueve la replantación de los híbridos resistentes, como el Malayo Enano y el coco Maypan, una mezcla entre el enano y el alto. “Quisiéramos tener un semillero de unas tres o cuatro mil palmas listas para resembrar”, dice Contreras. “Pero para eso tendrá que pasar un buen tiempo y después, habrá que esperar seis años para que crezcan y den frutos”.

    Tras el monitoreo del MAGA, se propusieron acciones a corto y mediano plazo, enmarcadas en un programa de emergencia. Entre ellas estaba realizar un monitoreo cada seis meses, capacitar a técnicos y agricultores, y divulgar los híbridos resistentes a la plaga. Pero lo más importante era impulsar la creación de viveros para el cultivo de estas especies, que por ahora, tendrán que ser importadas de Costa Rica, a un costo de 12 dólares por árbol. “Esa es la idea”, asegura Pablo Girón. “Estamos en pláticas con el ICTA para generar el material que requieran los afectados”. La medida no puede esperar más, si se toma en cuenta que para que una palma sea productiva deben transcurrir entre cinco y seis años.

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    Cecilio Reyes, empleado de la finca Baltimore, se sostiene con las "manellas", mientras corta los cocos de una palma Maypan, un híbrido que sí resiste el amarillamiento letal.

    Los peros

    Al desembarcar en Livingston, la primera imagen que asalta la vista son las mujeres morenas, de brazos anchos y caderas voluptuosas, ofreciendo pan de coco y bocadillo, en baldes pláticos que sostienen sobre la cabeza. La producción ha bajado, porque conseguir cocos ya no es tarea fácil.
    “Aquí ahora andamos persiguiendo a los cocos”, cuenta Cleofa Rivas, quien junto a su hermana Josefina se dedican a vender pan. “El precio ha subido. Ahora pagamos entre Q2.50 y hasta Q3.00 por un coco, cuando antes valían 50 centavos o un quetzal”, y eso se refleja en el precio del pan, que es de Q1.00 por unidad.

    Como todos los garífunas, las hermanas Rivas aprendieron a preparar la comida como lo hacía Damiana, su mamá, quien utilizaba el coco criollo como base para todas las comidas: tortillas de harina con coco, pan de coco, quequitos, bocadillos, empanadas, tamalitos de coco, rice and beans, tapado, vime caküle, tiqüini, peteta, pinule y más.

    “Los otros cocos no sirven”, aseguran. “El sabor no es igual y no tienen leche. El enano es para tomar, pero no para cocinar”.

    Si hay alguien en Livingston que conoce al dedillo las recetas de la comida tradicional, es Margoth, propietaria del restaurante que lleva su nombre. Su negocio inició con un ranchón de comida regional, en donde hace años entró el mismo Julio Iglesias. “Estuvimos platicando, como si fuéramos conocidos”, dice mientras deja escapar un suspiro.

    Margoth asegura que no hay forma de preparar la comida tradicional garífuna si no es con el coco criollo, pues nisiquiera la leche de coco en lata se asemeja al sabor natural.

    “Todos los palos se están muriendo”, cuenta. “Antes, me venían a vender cocos de Cocolí, ahora, hay que estar encargando, porque no se consiguen”. Margoth dice que el día que se terminen los cocos criollos también se terminará la comida tradicional, una opinión que comparte Lillian Orozco, propietaria del restaurante “El Malecón” y la panadería “El Divino Maestro”, la principal de Livingston. “Aquí la vida depende del coco”, asegura. “De repente y vamos a llegar al colmo de tener que traer los cocos del Pacífico... pero no creo que el sabor sea el mismo”.

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    Precisamente, el mayor obstáculo que han encontrado los programas de replantación, como el que se organizó en Honduras, es que el sabor y las características de los híbridos son muy diferentes al del coco alto del Atlántico.

    La crisis que afrontan los pobladores de ese litoral no parece mejorar. Según los científicos del Departamento de Investigaciones de la Universidad del Valle, que han colaborado con el MAGA en el estudio de la enfermedad, en un período de seis meses la plaga se agravará.

    “La experiencia indica que el amarillamiento es devastador”, explica Fredy Mejía, bioquímico del equipo de investigadores. “Por ello, estamos en busca de financiamiento para efectuar otros estudios y proponer soluciones”.

    En los laboratorios de la Universidad del Valle se analizaron las muestras obtenidas por el personal del MAGA. El proceso se realiza a través del análisis del PCR, Reacción en Cadena de la Polimerasa, en la que se determina la presencia del vector.

    Tal como sucedió en los otros países afectados por el amarillamiento, los cocos altos del Atlántico desaparecerán. Por ello, Mejía asegura que lo más importante es iniciar cuanto antes los estudios y el cultivo de las variedades resistentes para que la semilla se produzca en Guatemala y pueda llegar a los afectados. Aún así, tendrán que pasar muchos años para que el insecto transmisor desaparezca. “Este puede enterrarse en la tierra o vivir en otras plantas”, explica Mejía.

    La probabilidad de que la zona del Pacífico se contagie es remota, aunque no imposible. “Existe una barrera montañosa muy grande, como para que esto suceda”, opina Mejía. Sin embargo, el personal del MAGA decretó después del monitoreo, una cuarentena entre ambas costas, resaltando que es de suma importancia que la población tome conciencia de no trasladar vegetación de una costa a otra.

    Mientras tanto, los paisajes de las playas de Izabal, bordeadas de palmeras altas y verdes, está por convertirse en un recuerdo. Después de la muerte amarilla, nada sabrá igual en la costa del Atlántico. Ni siquiera el rice and beans o el pan de coco.

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    El Amarillamiento letal del coco apareció en 1970 en Jamaica. En la década de 1990 afectó a México, Belice y Honduras, hasta llegar a la costa atlántica de Guatemala.

    saludos :(
     
  5. ÁRCHON

    ÁRCHON

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    Muerte amarilla, tratamiento de LY con antibioticos

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    se usa si la palma es una especie poco común o se considera de gran valor paisajista, los cocos obtenidos de palmas ya tratadas con este medicamento no son recomendadas para el consumo humano debido al proceso y tratamiento

    Saludos
     
  6. (No registrado)

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    Muy agradecido por toda la información que habeis aportado, sobre todo de las fotografías de los cocoteros, ya que como se suele decir, una imagen vale más que mil palabras. Por lo que aparece en las fotos, las palmeras afectados empiezan a amarillear por las palmas exteriores y posteriormente amarillea el cogollo y muere la palmera. En las palmeras afectadas en Alicante el proceso fue al revés, primero se seca y muere el cogollo y a los pocos días las palmas exteriores amarillean y se secan. El cogollo huele a podredumbre y no aparece ningún tipo de plaga (Paysandisia archon, escarabajo ferriginoso, coccidos), eso sí, se detecta la presencia de un micelio de color rosa. Esto nos lleva a pensar que podría tratarse en tal caso, de la podredumbre rosa de las palmeras (Gliocladium vermoeseni). Pero mi duda es que si esta enfermedad puede matar en un espacio tan corto de tiempo a palmeras de más de 50 años, de un porte considerable y con unas condiciones de cultivo buenas. Reseñar que murieron tanto Phoenix canariensis, como Phoenix dactylifera.
    Un saludo