Historias para no dormir

Tema en 'Temas de interés (no de plantas)' comenzado por kaballa, 30/3/09.

  1. Gracias Kaballa! Por todos lados del mundo hay historias de esas, seran verdad? :smile:
     
  2. kaballa

    kaballa Fumando flores, y*

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    ok, quien sabe por si acaso mejor no tentar la "suerte"...

    LAS TRES MELLIZAS SATANICAS (Hechos reales)

    Carolina era una chica de Rosario.
    Vivia sola y tenia muchas amigas que la compañaban siempre a jugar o a estudiar.
    Ella tenia como amigas a tres chicas, muy lindas, ellas eran mellisas y siempre venian a jugar con ella.
    A ellas les fascinaba jugar en la casa del arbol que Carolina tenia en su casa; se pasaban horas alli y hasta pasaban la noche.
    Cada una de las mellisas tenia una muñeca igual a ellas de tez clara, vestido rojo y ojos penetrantes; eran tal cual ellas.
    Un dia las mellisas se olvidaron las muñecas en la casa de Carolina ; Al descubrirlas Carolina fue a llevarselas a la casa pero la madre le dijo que no habian vuelto.Asusteda Carolina volvio a su casa y subia a la casita del arbol y alli descubrio un acto macabro.
    Eran sus amigas... - estaban sin cabeza y todas destrozadas.
    Desde ese dia Carolina se encuentra en reeavilitacion por aquel suceso. Los policias ocultaron el hecho pero todos sabemos que el autor del crimen eran esas muñecas que querian tanto.

    fin....

    Nunca me gustaron las muñecas esas de porcelana uff...que mal rollo.
     
  3. Otra:


    La Enfermera de Gamboa

    Muchas son las leyendas y relatos que nos hablan de aparecidos en el folklore de nuestra tierra y que siguen surgiendo hasta el día de hoy. Es así como en este caso, nos concentramos en esa historia de la cual poco se ha escuchado, de aquella conocida como “La Enfermera de Gamboa”.

    Cuentan los relatos narrados por chóferes de bus de la ruta SACA, trabajadores de la Autoridad del Canal en Gamboa y residentes del sector, que en las noches, entre la toma de agua de Miraflores o a la altura del cruce antes de llegar al parque Summit, en ocasiones se encuentran a una mujer de pie en la parada. Como en ese sector casi no hay luminarias y es bastante apartado, no es nada raro que el bus o el automóvil de un alma caritativa se detenga para darle “un bote” a la joven enfermera. En el caso de los buses, se dice que se sienta atrás, donde el chofer del bus la ve a lo lejos en el retrovisor y llegado cierto punto de la vía, se escucha una voz femenina pedir parada, pero cuando el chofer se detiene y mira hacia atrás, la enfermera ha desaparecido. Cuando es un automóvil el del relato, se dice que la joven se sienta y no dice una sola palabra. Y una vez más, en cierto punto de la vía, la joven desaparece ante la sorpresa del conductor del vehículo. Lo curioso es que siempre desaparece en el mismo lugar.
    Cuenta la historia que hace años, en tiempos de la construcción del canal, existía en esa zona un pueblito, donde esta joven enfermera vivía. Al parecer, un día, la joven fue interceptada por soldados norteamericanos quienes se ofrecieron a llevarla, pero estos terminaron matándola. Desde entonces, su espíritu ronda el área, tratando de llegar a su destino. El pueblo desapareció, lo único que queda como una pista del lugar queda en la calle principal hacia Gamboa, a un lado de la calle aun se nota la entrada de una parada de autobús, que es casualmente el lugar donde la enfermera suele desaparecer.
     
  4. Otra:

    EL COROTÚ LLORON
    En el grande y bellisimo llano de la Mitra en las proximidades de la Chorrera, crecío robusto y frondoso, un árbol de corotú. Y allí, muy cerca viviía tambien un campesino padre de una muchcha bellísima de nombre Isabel.

    La joven era pretendida por los mozos de todos los contornos pues su belleza era extraordinaria, más el padre, rígido y severo, jamas aceptó un requiebro para su hija, ni aceptó tampoco a ninguno de los hombres que aspiraban a su amor. Con esto isabel se desconsoloba. Era joven y admiraba y quería gozar de su juventud y su hermosura.

    conocedor de los gustos de su hija, el campesino quiso prevenir males futuros. enceró a la joven y no le permitío asomarse ni a la puerta de la casa. Pero como propone el hombre el diablo lo descompone, a pesar de todos los encerramientos, Isabel conoció a un hombre de quien se enamoró perdidamente. La vigilancia de su padre fué burlada, y un día llegó en que Isabel no pudo ocultar las consecuencias de escondidos amoríos.

    Indignado el padre, cogió a su hija, y sin hacer caso de sus lamentaciones y sus súplicas, la ató desnuda al tronco del corotú. Enseguida, con un látigo de cuero, la maltrató sin descanso hasta convertirla en una masa sangrienta.

    Allí a los pies del arbol quedó isabel falta de aliento y vida y sin cristriana sepultura, hasta que el sol y el aire deshcieron su cuerpo antaño hermoso y gentil.

    Desde entonces, a ciertas horas de la noche, sale del tronco de corotú, el lloro triste de una criatura. Son los los sollozas de aquel niño que isabel llevaba en su seno y que desde las profundidades del limbo en donde vaga su alma, se lamenta por no pode jamás subir hasta el cielo.

    FIN


    Kaballa habia una pelicula en que unas muñecas como las de tu cuento eran las asesinas. Que miedo!
     
  5. kaballa

    kaballa Fumando flores, y*

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    Cuida tus comentarios, TE OBSERVO !! - parece decir esta muñeca entre penumbras y sombras, bueno mejor dicho, pensar parece pensar, pues tiene los labios cosidos...dios que horror !!!

    [​IMG]

    Y esta...sin comentarios...los dejo para quien quiera agregarlos...

    [​IMG]

    Y esta otra es, es...la tercera en discordia...la chunga y remala de verdad.

    [​IMG]

    Bueno, ya tenemos a las tres protagonistas de la pelicula de Joannag ;)

    BUENAS NOCHES Y QUE SOÑEIS CON LOS ANGELITOS...

    PD, Joannag, buenas y terribles historias, las que nos cuentas...ok.
     
  6. MITAD MUJER Y MITAD HUMANO

    Calla... calla, le decía Ramiro a su hijo más pequeño. Calla que si sigues llorando, Brígida vendrá por ti. Y mientras trataba de calmar al pequeño, el padre iba colocando ramos de ajos en la puerta y ventanas de su choza, como si con ello quisiera alejar al mal, que, según sus creencias, rondaba por el mundo al llegar la Semana Santa.

    Ya no recordaba si fue a los 5 ó 7 años, cuando su madre le relató cómo en el pueblo, específicamente Pocrí de Aguadulce, una hermosa mujer –de nombre Brígida- fue la perdición de muchos hombres del lugar, incluyendo al sacerdote, el padre José María, quien había llegado desde España a impartir la palabra de Dios.

    De que era hermosa lo era. Lamentablemente en su corazón sólo había egoísmo y un deseo de amontonar riquezas a como diera lugar.
    Aprovechando su juventud, Brígida se dedicó a explotar a los terratenientes, hacendados, a todos los que tuvieran con qué pagar sus favores. Eso hasta que apareció aquel sacerdote.

    Fue una tarde de gran alboroto, el pueblo salió a recibir al cura que llegaba de lejos. Tendría unos 30 ó 32 años, alto, delgado, de cabellos negros y ojos como la noche. Cuando Brígida lo vio desde su ventana, sintió una extraña palpitación. Ese hombre la inquietaba y atraía, tendría que ser suyo, costara lo que costara.

    Y así fue como Brígida, quien nunca antes asistía al sermón dominical, empezó a ir los domingos.

    Mientras las beatas del pueblo la cuestionaban, los hombres complacidos veían los diminutos vestidos que la joven se ponía cuando se sentaba en la primera banca de la iglesia.

    Al principio el padre no lo notó, pero domingo a domingo, la actitud de Brígida era más evidente y ya no sólo era durante la homilía, sino que con el pretexto de confesarse, le hablaba al cura sobre sus sueños con él. “Debes alejar de ti esos pensamientos, que son producto de las tentaciones diabólicas”, le decía una y otra vez el cura, quien últimamente no podía apartar de su mente las palabras de la joven.

    Una noche, después de casi 6 meses, tiempo en que la joven no había cesado en su empeño por conquistar al padre, al finalizar los actos religiosos conmemorativos a la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, Brígida no pudo contenerse más y se dirigió al cuarto donde el padre se cambiaba la sotana. Sin pensarlo dos veces, ante la mirada atónita del cura, se despojó de sus ropas, dejando ver una figura perfecta, provocativa. Aunque el padre José María trató de rechazarla, ella con la experiencia que le daba el haber conocido a muchos hombres en la intimidad, logró enredarlo en el laberinto de pasiones y así fue como ese Jueves Santo, la Sacristía fue testigo de los intercambios amorosos de ambos.

    Al amanecer del Viernes Santo, cuando el sacerdote despertó, vio aquella mujer a su lado y, sintiendo un gran remordimiento por haber faltado a su promesa de castidad, no resistió la culpa y se dirigió al río, donde cerca del mediodía fue encontrado ahorcado, por dos campesinos que pasaban por allí.

    En cuanto a Brígida, una vez satisfecho su instinto, continuó con esa vida de libertinaje, licor y sexo, hasta que las mujeres del pueblo, enardecidas por lo ocurrido con el sacerdote, decidieron ponerle punto final y la sacaron a la fuerza de su casa para ultimarla a punta de piedras. Y fue allí cuando en medio de risotadas, actos inmorales y gritos, la infame confesó que la muerte del sacerdote fue una ofrenda que ella le hizo al maligno, si lograba que el infortunado cura cayera en sus redes. Ahí, ante la mirada atónita de los presentes, la que fuera la mujer más hermosa del pueblo, se transformó en un ser mitad animal, mitad humano y dando un fuerte alarido rompió las cuerdas que la ataban, escapando y dejando tras de sí un fuerte y penetrante olor a azufre.
     
  7. lizy

    lizy adicta a las rosas

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    Acapulco Gro; México
    oigan, oigan a mi me da mucho miedo estas cosas,entre por cuirosidad, no he leido mas que dos y las mas chiquitas y creo que son las mas feas uhiiiiiii. mejor me salgo de aqui que esto me causa mucho miedo, porque no quiero recordar cosas feas que me han pasado. si yo les contara que me han asustado muchas veces y no se como sigo cuerda todavia jajaaa mejor no me rio, porque es enserio esto.
    chaito y que se diviertan, je esto no es apto para cardiacos.[​IMG]
     
  8. kaballa

    kaballa Fumando flores, y*

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    Uff, , joer con la Brigida, el titulo seria mejor poner Mitad súcubo, mitad Arpía...y es lo que yo digo las mujeres la perdicion de los hombres ;) ok Joannag...

    lizy hay que tomarselo como lo que son - historias - ¿reales? quien sabe...en cualquier caso quienes lo saben a ciencia cierta ya no estan entre nosotros :9993aterrado: mejor dicho, "sabrían"...

    Un saludo.

    Animo y pasaremos un buen rato...¡¡ quien quiere dormir!!!, ya tendremos tiempo ya !!!
     
  9. kaballa

    kaballa Fumando flores, y*

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    PUENTE DEL DIABLO Spain.Catalonia.Martorell.Pont.del.Diable.jpg MARTORELL, BARCELONA.

    Una historia suavecita y para todos los publicos ;)

    La escarcha de un nuevo amanecer húmedo y frío , calaba en los cansados y oxidados huesos de la anciana que como cada día , madrugadora y decidida encaminaba sus pasos hacia aquel viejo puente romano que tantas y tantas veces había sido testigo de su presencia , de sus vivencias y que orgulloso y desafiante al paso del tiempo le servia de enlace para cruzar el río que unía los dos pueblos y que la anciana cada mañana cruzaba para visitar la fuente que le proporcionaba el agua necesaria para sus quehaceres diarios.
    Algo misterioso e inesperado brotaba en el ambiente aquella mañana, en la que la niebla mas densa y grisácea que nunca, envolvía el paisaje con su presencia oscura, Los pasos de la anciana de detuvieron de repente y casi apunto de caer a las heladas aguas del frío y desconsiderado rió se dio cuenta de que el puente había desaparecido.

    La anciana sorprendida miro a su alrededor, lo ocurrido allí solo podía ser obra del ángel caído y no era la primera vez que se enfrentaban, busco su presencia entre la niebla hasta que se dejo ver, su figura era inconfundible, sus ropas negras y su melena blanca contrastaban con el rojo ardiente de sus ojos que atravesaban la espesa niebla dando a la anciana la oportunidad de poder verle y hablarle.
    Una escalofriante carcajada de triunfo se dejo oír retumbante por los alrededores, la anciana sin miedo se dirigió a el.

    -Que quieres ahora maldito diablo, no piensas dejarme en paz? Quizás quieres mi alma a cambio de reconstruir el puente?
    <Eres muy lista vieja pero te equivocas, reconstruiré el puente antes del próximo amanecer a cambio del alma del primer ser que cruce por el.-

    La anciana asintió con la cabeza y sonrió para sus adentros mientras recordaba aquella frase que siempre decía su abuela, mas sabe el diablo por viejo que por diablo, e ignorando la desagradable presencia del diablo, giro sobre sus pasos y retomo el camino ya hecho de vuelta a su casa.
    La luz tenue de un nuevo amanecer , se filtraba por las viejas ventanas de madera de aquella casa donde la anciana junto al fuego se calentaba y se preparaba para un nuevo viaje hasta la fuente , con el cántaro en una mano y un saco abultado en la otra salio de la casa, Cuando llego al puente pudo comprobar que el diablo había cumplido su promesa , el puente se volvía a alzar sobre el río como si nunca hubiese sido arrancado de aquel lugar, sentía los ojos del diablo atentos a su paso por aquel puente que se llevaría su alma para siempre.
    Pero la astuta anciana abrió el saco dejando salir al gato que había en su interior y el animal ajeno a todo cruzo el puente perdiendo su alma para siempre y dejando el paso libre a la anciana que una vez mas gano la batalla al ansioso y sorprendido diablo.

    FIN.

    jejeje, “ más sabe el diablo por viejo que por diablo ” ...

    puentes del diablo los hay por muchos sitios, con su historias incluidas.

    Un saludo.
     
  10. Mas Historias!
     
  11. kaballa

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    LA CAZA

    La calle está desierta, yo avanzo entre las sombras del parque. El simple sonido de mis pasos me eriza la piel, y los músculos de mis piernas se tensan hasta doler por el esfuerzo de correr más y más rápido. No puedo verle, sé que está ahí, detrás de mí siguiendo mis pasos en la oscuridad de la noche.

    Llego hasta el portal y con las manos aún temblorosas logro sacar las llave del bolsillo de mi pantalón y abro la puerta que cierro detrás de mí.

    Ante mí, se extiende la escalera de caracol asciende a los pisos superiores, girando sobre sí misma hasta perderse de vista en la oscuridad. Sin perder tiempo, me dirijo hacia ella y comienzo, poco a poco, a ascenderla. Son tres tramos, pienso, mientras mis piernas, ya cansadas, acusan el esfuerzo y los peldaños parecen no tener fin, tres tramos y estaré a salvo en mi casa. Continuo subiendo mi cuerpo gira entorno a su estructura de hierro. La luz es cada vez más tenue y prácticamente voy subiendo a oscuras.

    En un momento dado me paro para retomar el aire, entorno a mí sólo hay silencio, parece que ya no oigo a mi perseguidor. El único sonido que me llega es el de mi respiración agitada que poco a poco se va calmando. Totalmente inmóvil me quedó allí de pie. Esperando, escuchando para convencerme de he logrado despistarle.

    Mi garganta me arde, daría cualquier cosa por un cigarrillo, pero no tengo. ¿Dónde está mi bolso?, en algún momento de la huída debí perderlo. Tal vez fue cuando al salir del trabajo le vi. Estaba allí, en la esquina bajo la farola con un cigarro en la mano y una gran sonrisa en el rostro, como un cazador acechando a su presa.
    No me sorprende, siempre supe que ningún juez o ninguna orden de alejamiento podrían defenderme de mi ex-marido. Sus palabras resuenan de nuevo en mi cabeza, como un mantra cuyo eco sordo resuena y resuena sin acabar de extinguirse: “ Nadie logrará alejarme de ti”. Sigo subiendo, ya sólo me queda un tramo.

    Llego a la puerta de casa y saco de nuevo las llaves. Cierro la puerta, echo los tres cerrojos y conecto la alarma. Suspiro, esta noche logré escapar.
    Abro el cajón del recibidor y busco nerviosamente un paquete de tabaco. Enciendo un cigarrillo y me dirijo a la ventana.

    Él esta allí abajo, frente a la casa, mirándome con tranquilidad de quien controla la situación, de quién se siente ganador. Con la satisfacción de quién sabe que domina al otro y que nadie lo podrá evitar. Mis ojos se llenan de lágrimas y poco a poco me dejo caer al suelo.

    Un saludo...

    Que vida mas injusta..."les o nos" toca vivir
     
  12. El penador


    El negro Juan Miguel era un hombre alto, fornido y feo.
    Su piel curtida dejaba ver en los brazos y en las piernas
    múltiples cicatrices y costurones. Negro como la más negra
    noche, el pelo muy motudo, la nariz aplastada, la boca grande y
    los labios muy gruesos, los dientes blancos, grandes y afilados
    como los de un animal carnicero, los ojos casi siempre inyectados
    en sangre, con su sola presencia atemorizaba a los grandes
    lo mismo que a los chicos.

    No se le conocía familia. Su amo lo trajo un día a Portobelo
    y allí se quedó para siempre el negro. Todos los días al despuntar
    el alba, con su morral lleno de provisiones, salía Juan Miguel
    para emprender su diaria y agotadora jornada. Los golpes
    de su hacha resonaban por todo el bosque como la poderosa
    maza del herrero sobre el yunque, pues las fuerzas hercúleas
    del esclavo, echaban abajo cual débiles cañas, los árboles más
    corpulentos.

    A veces Juan Miguel acompañaba su faena con un canto
    que parecía un lamento, un lloro por un ser perdido. En ese
    cantar hondo y melancólico vaciaba el negro sus tristezas y sus
    desesperanzas; los recuerdos de su África en donde fue libre.
    Esta mañana el esclavo marchaba cabizbajo. Un nuevo dolor
    se había unido a sus angustias. La mujer de quien estaba
    enamorado amaba a otro y con él iba a casarse.

    —¿Por qué es tan grande mi desgracia? —se decía—. ¿Qué
    he hecho para merecerla? ¡Debo estar maldito, maldito!
    Monologando de esta suerte, llegó al bosque. Dejó el morral
    y tomó el hacha, pero no podía trabajar. La imagen de la mozuela
    se destacaba vívida en su mente. La veía mirar al otro,
    sonreírle, y hasta sintió el aleteo de un beso. Un dolor agudo le
    atravesó el pecho, y creyó que se ahogaba. Haciendo un esfuerzo
    volvió a tomar el hacha.

    Golpes furiosos resonaron por la selva. Juan Miguel, como
    poseído por el demonio, creía ver en cada árbol a su rival, y
    hundía el hierro fieramente en ellos con una rapidez, una saña y
    una violencia de las que no se le hubiera creído capaz.
    El rudo e incansable golpear fue serenándolo; el frenesí homicida
    cedió; fatigado dejó el hacha y se sentó bajo la sombra de
    un mango. No pudo descansar, la figura de la mulata de nuevo se
    enseñoreaba de su pensamiento. Quería desecharla, recordar otras
    cosas, pero no podía. La mujer estaba clavada como una marca
    de fuego en su cerebro. La cabeza le dolía y la idea fija continuaba
    obsesionándolo y produciéndole un tormento indescriptible.

    Preferible era trabajar hasta agotarse. Tal vez entonces su rendido
    cuerpo lograra el olvido para su espíritu torturado.
    Cogió otra vez el instrumento y comenzó a golpear los troncos.
    Nuevamente lo tiró. Estaba visto que nada podía hacer. Se
    limpió la frente sudorosa y caminó hacia la orilla del mar. Las
    aguas verdes y serenas tenían para él un extraño encanto. Muchas
    veces en medio de su trabajo, se detenía de pronto para
    acercarse a la laya a contemplar el vaivén continuado de las
    olas y escuchar su murmullo. Él las quería, y a ellas les contaba
    sus desdichas. Eran sus únicas compañeras, sus únicas amigas.
    Y las olas, como si supieran que se trataba de un hombre falto
    de cariño, al venir hacia él en blando gesto, le humedecían los
    pies como queriendo consolarlo. Con su constante ir y venir lo
    alentaban en su dura vida de esclavo que no conoció el reposo
    ni la felicidad.

    Por un rato permaneció mirando el incesante movimiento
    de las aguas que rizaban la orilla de blanca espuma; y por
    asociación de ideas, pensó en las albas flores que ceñirían la frente
    de su amada en el día de sus bodas. Dio un grito y se cubrió el
    rostro con las manos.

    Creyó escuchar un ruido de voces. Se descubrió la cara y
    miró a todos lados. Pero no, estaba solo como siempre. Eran las
    ondas las que hablaban.

    —Ven —le decían las aguas cariñosas—. Ven con nosotras,
    envolveremos tu cuerpo en suave manto y encontrarás ese reposo
    que buscabas.

    Juan Miguel se tapó los oídos porque no quería escuchar.
    Pero las olas persistentemente continuaban invitándolo a un descanso
    eterno. Como atraído por un hechizo se acercó un poco
    más. El agua le llegaba a la rodilla. Era grata su frescura. Sin
    embargo, vaciló y se echó atrás. De golpe vio su vida mísera,
    arrastrada a la vera del camino, pisoteada, destrozada; vio su
    existencia sin afectos ni ternuras. Ya no dudó más. Era pecado
    lo que iba a hacer, el padre lo había dicho. Mas no podía aguantar
    más el fardo de amarguras que cargaba. Poco a poco fue
    adentrándose al mar.

    Desde entonces, los pescadores que han echado sus redes
    sobre las quietas aguas de la bahía de Portobelo, sienten cierto
    temor supersticioso al acercase al “otro lado” desde donde se
    divisan las sombras tristes del viejo y ruinoso castillo de San
    Fernando. Golpes sonoros llegan hasta allí. Ruidos característicos
    del hacha que derriba un árbol.

    Las viejas gentes de Portobelo saben de qué se trata. Ellas
    también han escuchado a eso de las ocho de la noche, el rudo
    golpear del hacha y los tonos tristes de un canto quejumbroso.
    Quien trabaja y canta, es el negro Juan Miguel, “el penador”,
    quien desde el otro mundo ha venido a purgar su pecado de
    quitarse la vida, realizando todas las noches la faena que le tocó
    cumplir en su existencia terrena.

    LUISITA AGUILERA P.
     
  13. kaballa

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    Bueno, bueno y pobre Juan Muiguel no?

    Hola de nuevo al foro y sobretodo a es@s que parecen tiener sabanas con consciencia de sí mismas.
    Joannag lo prometido es deuda :5-okey: por cierto te gusta la fotografia? Se que por el foro hay much@ aficionad@, pues nada, nada.

    Hace unos meses una amiga mía, que es una fotógrafa por naturaleza y con mucho futuro, decidió pasar un día y la noche sola en los bosques fuera de nuestra ciudad. Ella quiso conseguir las fotos de los bosques y la fauna tan naturalmente como ella podría para su portfolio. No tuvo miedo de estar sola, porque ya había acampado por su cuenta muchas veces antes. Estableció una tienda en medio de un pequeño claro y pasó el día tomando fotos. Se llenó cuatro rollos de la película por aquel viaje, pero algo era extraño sobre ellos. Lo que vio en aquellas fotografías se ha quedado con ella desde entonces, y todavía trata de reponerse del trauma le han causado.
    Casi todas las imágenes fueron normales, salvo una imagen en cada rollo de la película. Estas fotos eran de ella, dormida en su tienda en medio de la noche.

    Un saludo y ya sabeis, gastar todo el carrete fotografico antes de irse a dormir. O intentarlo :13mellado:
     
  14. Trasimedes

    Trasimedes

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    El amor es un rayo de luna.....



    La noche estaba serena y hermosa; la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo, y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.

    Manrique llegó al claustro, tendió la vista por su recinto y miró a través de las macizas columnas de sus arcadas... Estaba desierto.

    Salió de él, encaminó sus pasos hacia la oscura alameda que conduce al Duero, y aún no había penetrado en ella, cuando de sus labios se escapó un grito de júbilo.

    Había visto flotar un instante y desaparecer el extremo del traje blanco, del traje blanco de la mujer de sus sueños, de la mujer que ya amaba como un loco.

    Corre, corre en su busca; llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo, y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe, al fin, en una carcajada, en una carcajada sonora, estridente, horrible.

    Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos; pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante.

    Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía las ramas.

    ...

    Habían pasado algunos años. Manrique, sentado en un sitial, junto a la alta chimenea gótica de su castillo, inmóvil casi, y con una mirada vaga e inquieta como la de un idiota, apenas prestaba atención ni a las caricias de su madre ni a los consuelos de sus servidores.

    -Tú eres joven, tú eres hermoso -le decía aquélla-. ¿Por qué te consumes en la soledad? ¿Por qué no buscas una mujer a quien ames, y amándote pueda hacerte feliz?

    -¡El amor!... El amor es un rayo de luna -murmuraba el joven.

    -¿Por qué no despertáis de ese letargo? -le decía uno de sus escuderos-. Os vestís de hierro de pies a cabeza; mandáis desplegar al aire vuestro pendón de rico hombre, y marchamos a la guerra. En la guerra se encuentra la gloria.

    -¡La gloria!... La gloria es un rayo de luna.

    -¿Queréis que os diga una cantiga, la última que ha compuesto Mosén Arnaldo, el trovador provenzal?

    -¡No! ¡No! -exclamó el joven, incorporándose colérico en su sitial-. No quiero nada...; es decir, sí quiero: quiero que me dejéis solo... Cantigas..., mujeres..., glorias..., felicidad..., mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué? Para encontrar un rayo de luna.

    Manrique estaba loco; por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio.
     
  15. irive

    irive siempre aprendemos cosas

    EL LADRON DE SUEÑOS

    Cuando tocaron las seis y media en la iglesia ya habían llegado los últimos familiares y también algún amigo del pequeño Marc. Las caras de perplejidad y los semblantes de dolor se amilanaban ante el desgarrador llanto de su madre, que preguntaba a Dios cómo se podía haber llevado a su hijo en los cinco minutos que tardó en calentar un vaso de leche caliente que le llevaría a la cama, como todas las noches.
    Lo encontró aún tibio por las mantas que lo cubrían hasta poco más de la cintura, pero su semblante fue un rayo que horrorizó a su madre, era imposible que se hubiera dislocado los dos hombros él solo, y ni siquiera se le oyó gritar en el silencio de la noche. ¿Cómo podía estar con los dos brazos desgarrados y ni siquiera haber cambiado de postura? Era muy pronto para hacerse todas esas preguntas, pero eran dudas que flotaban en el funeral como macabras invitadas.
    Tan sólo los ojos abiertos del cadáver se habían visto sorprendidos por una mueca de extrañeza y de dolor., mirando al techo y humedecidos aún por lágrimas mudas.
    Ni la madre se había dado cuenta de que la mandíbula de su hijo, inflamándose como por latidos, estaba fracturada en tres trozos.

    Pero el informe oficial del forense fue un relato desgarrador e inquietante: Fracturas de ambas clavículas y mandíbula y graves daños cervicales, contusiones que llegaron a afectar al cerebro, pero nadie se explicaba que ninguna de estas lesiones fue la que le provocó la muerte.
    Las semanas siguientes fueron muy duras para los padres de Marc, por el dolor de un hijo perdido y por interrogatorios y pruebas interminables que dictaminasen las causas de la muerte de un niño de 11 años feliz, sano aunque quizá un poco más bajo que los niños de su edad, de pelo castaño rizado y con una vitalidad que traía desquiciados a los profesores menos experimentados de su colegio.
    Hubo un juicio para su madre, salió sin cargos pero ofendida en su bondad y en el alma, por un mundo injusto que intentó pudrirla entre rejas... por arropar a su hijo y dejarlo solo cinco minutos.
    Después de los juicios el matrimonio volvió a su casa, fueron bienvenidos en sus antiguos trabajos y, en cierto modo, aceptados para retomar un rumbo que se les había desorientado amargamente tiempo atrás.
    Dos años después, tuvieron una hija a la que llamaron María, la cual les devolvió una felicidad que añoraban y que nunca a partir de entonces les abandonaría.
    - Pónle un poco de miel, mamá.
    La miel siempre le dejaba un buen sabor de boca para dormir, hasta podía decir que descansaba mejor. Marc se quedó mirando la bata de noche de su madre mientras ésta salía de la habitación con semblante sonriente, tranquilo. Se acomodó entre las mantas y cerró los ojos para relajarse, para pensar, siempre se relajaba mientras oía de fondo los sonidos y tintineos de la cocina. La leche estaría casi lista.
    Una brisa de aire fétido y un rumor gutural le hicieron abrir los ojos como platos, la luz del pasillo que entraba por la puerta le permitió enfocar al techo: Un hombre rugoso, con dos brazos y dos piernas ¿o todo eran brazos?, pero rugoso. No era un hombre. El monstruo parecía una mezcla entre homínido y araña y estaba encaramado al techo, pero articuló el cuello ciento ochenta grados y en una postura extraña y repulsiva fijó sus grandes ojos en los de Marc.
    Los sueños y la vida, se separan. Despídete de tu cuerpo.
    Intentó en balde conseguir apartar sus pupilas de aquel hombre, o lo que demonios quisiera ser, pero vio cómo, con una extraña mueca en su rostro, se descolgó de las extremidades delanteras y quedó como un murciélago infernal sobre su cama. Súbitamente y en un gesto brutal pero preciso rodeó los brazos de Marc con unos dedos finísimos y, desplegando unas alas negras inadvertidas hasta entonces, dio un violento estirancón hacia sí. Envuelto en una espiral de dolor, intentaba revolverse y luchó, quiso morder, pataleaba entre sollozos casi inaudibles y en su forcejeo consiguió asestar un golpe en el abdomen abultado de aquel ser; consiguió volver su tronco para tratar de volver al suelo y lo que vió le conmocionó como un latigazo que le atravesara la espalda, se vio a sí mismo acostado en la cama, boca arriba, arropado por la cintura como le había dejado su madre.
    Ya era tarde. Y era el momento de aquella bestia. Le agarró con las dos manazas la cabeza y le asestó varios golpes sordos en ambos lados de la cara, agitándola violentamente como si de la de un pelele de trapo se tratara.
    Marc, desde el techo de su habitación, trató de mirar hacia la puerta para llamar a su madre...
    Perdió el sentido.
    El Ladrón de sueños, el Coco, el Asustachicos o como quisiera llamarse aquel ser devoraba ávidamente los sueños de Marc mientras este, resignado y sin sentir ya dolor alguno, apoyó la cabeza en el suelo embarrado de aquel repugnante pasadizo subterráneo. Varios metros más arriba,
    en la superficie, el barrio era despertado por los gritos de histeria de su madre, y el sonido de las sirenas se iba acercando.

    - En verdad hay monstruos debajo de la cama... - Con lágrimas en sus mejillas, Marc cerró los
    ojos.

    por J.F. Jartuko